TRAVESÍA DE VIGO, DESARROLLISMO FRANQUISTA Y PSEUDOHISTORIA

Publicado: 20 mar 2013 - 07:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:48

La historia suele ser tan apasionante como embaucadora en función de las fuentes en las que bebamos. Suele decirse que la historia la escriben los vencedores, pero ello solo responde a las primeras versiones de ella pues, como a toda acción le sigue una reacción, suelen ser finalmente los vencidos quienes acaban dando su versión a la siguiente generación, versión que al igual que con los vencedores no solo hace buena el ascua que ha de dorar su sardina, sino que gran parte de las veces acaba por cambiar la historia a su antojo y conveniencia, hasta que pasados los años, en los que lo políticamente correcto deja de ser la versión del vencido autoconvertido en el bueno, nuevos transmisores de los hechos repasan los mismos desde visiones mas ecuánimes de lo sucedido, lo que suele llegar con mayor veracidad a generaciones menos implicadas.

Nuestra historia reciente es victima ortodoxa de lo expuesto, trás unos años en que beber de las fuentes vencedoras, muerto el dictador, pasamos a alimentar a nuevas generaciones con versiones radicalmente opuestas y tan tendenciosas como las anteriores. La suerte de quienes ya gozamos de una gratificante jubilación, es el haber vivido y leído ambas versiones, generalmente erróneas ambas en sus exaltaciones y condenas, lo que nos permite analizar con mas sosiego los claroscuros de nuestra convulsa historia patria, ya sea la grande o de la de andar por casa.

Entre los años 1960 y 1975, con los llamados tecnócratas, el sector industrial actuó como motor de la economía española, alcanzando tasas de crecimiento del 10% anual (actualmente China crece al 8%). Junto a las zonas de mayor tradición industrial como Vizcaya y Cataluña con la incorporación y auge de Madrid, Vigo, junto a otras, pasó a experimentar índices inéditos de crecimiento, no solo en España, sino incluso en Europa. Es la etapa de florecimiento económico conocida como 'desarrollismo' que ahora, curiosamente, apellidamos despectivamente, franquista.

El crecimiento industrial vigués precisaba de creciente mano de obra que potenciase el camino, produciéndose un fenómeno migratorio también inédito en la ciudad, que exigía un rápido crecimiento que en su casi totalidad resultó ser anárquico, y en gran parte con absoluta ausencia de lógica urbanística. Ejemplo constante de esa época lo constituye una calle de la ciudad conocida por 'Travesía de Vigo', en su tramo desde su inicio hasta la confluencia con la calle Aragón, calle de 30 metros de ancha, que en función de la normativa de aplicación posibilitaba la creación de edificios de 10 plantas de altura, con fondos edificables no acotados.

¿Quiénes promovían entonces y para quien?. Salvo excepciones lo hacían los llamados 'mejicanos', o antiguos emigrantes a America, de origen rural, triunfadores en su empeño y retornados con dinero, y lo hacían para compradores de vivienda con amplio porcentaje de emigrantes también retornados, generalmente de Alemania, también de origen rural, con unos ahorros para comprar vivienda y montar un pequeño negocio.

El concepto de vivienda de unos y de otros era muy similar y basado en la típica vivienda rural. Surge así una tipología también inédita en la ciudad, la vivienda rural en altura, caracterizada por un salón, sin uso, dando a la calle, solo para enseñar a las visitas, dormitorio principal también a la calle (prestigio) y en cuanto a la cocina, la parte principal de la vivienda, la estancia mas amplia, con comedor a la parte de atrás, con vistas al mar (en los impares) o al sol (en los pares), al igual que el cuarto de baño. Por supuesto, la fachada principal, la que da a la calle, de materiales 'nobles' y cerrando los balcones a cada cual mas hortera, mientras la fachada posterior, curiosamente vista desde gran parte de la ciudad, revestida y pintada en blanco con huecos informes según pida la distribución interior y algún patio de por medio, a poder ser con tendales a la vista. Un poema?

Pero, ¿vale echarle la culpa a vendedor, comprador o al desarrollismo, cuando todos, absolutamente todos los edificios allí existentes son proyectos confeccionados por arquitectos?. ¿Alguien puede creerse que algún promotor le pidiera a su arquitecto que le hiciese la mayor horterada de que fuese capaz? ¿Acaso pretender hacer negocio con la promoción ha de suponer para un arquitecto parir un adefesio?

No cambiemos la historia, la travesía de Vigo no es un subproducto del desarrollismo franquista, cuando se invertía en Vigo (en dinero) en un año lo que ahora no se hace en diez, ni siquiera a crédito, sino una ocasión que ni una normativa parida por políticos ineptos, como siempre hemos sufrido en materia de urbanismo, ni unos profesionales ajenos a planteamientos estéticos para con su ciudad, supieron aprovechar en su momento para bien de Vigo.

Ni desarrollismo franquista ni farrapo de gaita, pura chapuza?

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