La trampa de la resiliencia

Publicado: 20 mar 2025 - 03:00

La tradicional y reconocida habilidad del presidente Pedro Sánchez para aguantar y resistir ha sido hasta ahora uno de los argumentos más insistentes para demostrar sus capacidades para ejercer su oficio de político. Siempre se ha puesto sobre la mesa como una de sus armas más destacadas la resiliencia, pero ha llegado un momento en que lo que en tiempos fue sobresaliente virtud se ha convertido en una trampa. Desgraciadamente para él, para la guardia pretoriana que compone el cinturón más íntimo de su gobierno y sobre todo, para los administrados, esa condición supuestamente admirable y valerosa que hacía de Sánchez un sujeto capaz de salir airoso de todo lo que le saltaba al camino, ha reducido por completo su ámbito de expresión y se ha convertido en su hábitat natural y el único escenario posible en el que el primer ministro español puede desempeñarse. El resultado es simplemente un drama cuyo principal protagonista es él mismo.

Sánchez vive hoy una situación insostenible que no puede además desembocar en otra cosa que no sea vivir en condiciones aún más extremas. El presente se le ha ido cerrando y conduciéndolo por la senda de la presión al límite, lo que le obliga a tomar determinaciones suicidas tan desastrosas para la sociedad española como para sí mismo. La última de sus determinaciones escenificada en el reparto de emigración juvenil por comunidades autónomas es un ejemplo perfecto del lugar, el momento y el ahogo que vive y sufre a estas alturas Pedro el resiliente, y escribe lo que por el momento es el último acto de un escenario que ha ido angostándose de día en día y que ha ido obligando a Sánchez a renunciar a todas las noblezas que adornan el ejercicio de presidente en un país democrático y sensato como el nuestro. En su delirio, este primer ministro experto en resistencia y perito en maniobras que le permitan seguir en su sitio, no ha tenido más remedio que echar mano del decretazo para salir adelante. Y cuando hay que echar mano del decretazo en cada esquina del camino, las cosas nunca van a ir a mejor. Luis Sartorius a mediados del siglo XIX es el principal referente de este odioso método, clausuró el parlamento, se guardó la llave de la puerta en el bolsillo y no miró atrás. Acabó refugiado en una embajada. Pedro Sánchez debería leerse su historia política.

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