El tonto de Adif

Publicado: 27 feb 2026 - 01:10
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En la empresa Adif debe de haber algún tonto, que ignora que sustraer pruebas de una investigación policial y judicial es un delito. En todas las empresas hay tontos contemporáneos. Da igual que sean publicas o privadas, que se dediquen a la comunicación, la extracción de minerales o la distribución de productos alimentarios. Y lo mismo se puede afirmar de la función pública, sea municipal, autonómica o estatal. Es raro, cuando gestionas con la Administración, que no te encuentres, en cualquier momento, con el tonto contemporáneo correspondiente.

Nadie ha sabido calcular, de manera científica, el porcentaje de tontos por kilómetro cuadrado en España. Ni siquiera esa gloria de la Sociología, Tezanos, nos ha sabido proporcionar un dato aproximado. Tezanos, que dirige el CIS, ha contribuido a que al Centro de Investigaciones Sociológicas le denominen, en los ambientes profesionales de las encuestas, Centro de Interpretaciones Socialistas. Pero ni siquiera tenemos un estudio donde se demuestre que los tontos contemporáneos que habitan en España son, mayoritariamente, votantes de derechas.

El caso es que en Adif, ya se involucró otro tonto desconocido en recomendar, a otra empresa, a una de las novias del anterior ministro de Transportes para que la contrataran, mejor dicho, paran que cobrara una nómina, sin tener ni siquiera que acudir. El tonto, o los tontos de ahora, son un asunto más grave, porque se trata de un delito, y las personas honorables de Adif, que son muchas, no pueden estar bajo la sospecha de haber dado órdenes o de haber cometido un delito.

Estoy convencido de que el presidente de Adif, don Pedro Marco de la Peña, y los cinco directores generales, que nombró en marzo del año pasado, estarán investigando para conocer al tonto con jerarquía que envió a otros tontos de menor grado para sustraer pruebas de una investigación, detrás de la cual hay 46 familias que lloran a sus muertos. Ni don Pedro Marco de la Peña, ni ningún directivo de Adif pueden consentir que aparezcan como sospechosos o encubridores de un delito. Estoy seguro que su formación, su inteligencia, su honor, y su sentido de la responsabilidad, lograrán localizar al tonto de Adif. Ni ellos se merecerían esa injusta sospecha, ni las familias de los fallecidos pueden ser tratadas como material de derribo, o vigas de acero inutilizadas.

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