Fernando Jáuregui
El chavismo sigue intacto
Desde la aprobación de la reforma laboral, Yolanda Díaz ha construido un relato triunfalista sobre el mercado de trabajo que, a poco que se examine con detalle, hace aguas por todos lados. Las cifras oficiales presumen de estabilidad y creación de empleo, pero esconden un maquillaje estadístico que recuerda demasiado a viejas prácticas que España ya conoció en plena crisis de 2008. Entonces fue Jesús Caldera, ministro de Trabajo, quien modificó el método de cálculo del paro. Hoy, con otros instrumentos y otro contexto, el resultado es similar: una fotografía distorsionada de la realidad laboral. El caso más flagrante es el de los trabajadores con contrato fijo discontinuo inactivo. Cerca de 800.000 personas que no están trabajando, que cobran prestaciones por desempleo, pero que no figuran como parados en las estadísticas oficiales.
El Gobierno defiende que no están desempleados porque mantienen un vínculo contractual con la empresa. Una explicación social y económicamente engañosa. Si una persona no trabaja y vive de una prestación, excluirla del paro solo sirve para mejorar artificialmente los datos y alimentar un discurso político complaciente. Algo parecido ocurre con las cifras de empleo. Se nos repite que España ha alcanzado los 21,84 millones de afiliados a la Seguridad Social. Sin embargo, el propio Ministerio de Inclusión y Seguridad Social ha reconocido en una nota oficial que "el número de afiliados no se corresponde necesariamente con el de trabajadores, ya que se contabilizan relaciones laborales o situaciones que obligan a estar afiliado", lo que significa que una misma persona puede aparecer varias veces en las estadísticas. Lo sabemos bien los periodistas que acuden a tertulias y son dados de alta en la Seguridad Social cada vez que participan. También lo saben quienes encadenan varios contratos en un mismo mes o quienes mantienen distintas relaciones laborales en uno o varios regímenes. Afiliación no es sinónimo de empleo real.
El resultado del tipex de Yolanda Díaz es que hoy no sabemos con certeza ni cuántos parados hay ni cuántos empleos efectivos se crean. Y aun así, incluso aceptando los datos oficiales del Gobierno, 2025 deja señales preocupantes: son los peores datos de creación de empleo en los últimos doce años, solo el 14% de los contratos firmados son a tiempo completo y se ha necesitado una media de 31 contratos por afiliado, es decir, 2,5 al mes, para sostener las cifras. Una rotación que habla de precariedad, no de fortaleza. Y un último dato revelador: de los 19.000 nuevos ocupados registrados en diciembre, 18.000 se concentraron en Madrid. Demasiadas sombras para un mercado laboral que se nos presenta, día tras día, como un éxito incuestionable.
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