José Teo Andrés
¿Y si Philippot tenía razón?
La coreografía política en torno a los datos de empleo y paro vuelve a repetirse con una precisión casi mecánica: música triunfalista, cifras lanzadas al vuelo y un mensaje simplificado que busca instalar la idea de un mercado laboral boyante. Sin embargo, es necesario, una vez más, hacer una lectura bastante menos complaciente y verdadera, más aún ante la increíble puesta en escena del presidente del Gobierno.
Su afición a hacer "tiktok" le ha llevado en esta ocasión, vestido con la camiseta de la selección española, a celebrar que hemos alcanzado la cifra de 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Una trampa conceptual que ya no se puede considerar inocente y que hasta el propio vicepresidente Cuerpo se ha visto obligado a rectificar, ya que no son afiliados sino afiliaciones y, en todo caso, en cifras desestacionalizadas. Y la diferencia no es menor: un mismo trabajador puede aparecer contabilizado como afiliado varias veces si ha tenido más de un alta en el mes. De hecho, la media es de 30 contratos por afiliado al año. La sensación es de que estamos ante un ejercicio de marketing político más que ante una rendición de cuentas rigurosa.
Pero, la manipulación no termina ahí. El dato de paro registrado sigue sin reflejar la realidad completa del mercado laboral. Quedan fuera colectivos significativos como los casi 900.000 fijos discontinuos en periodo de inactividad, los trabajadores en ERTE y otras situaciones que, en la práctica, suponen ausencia de empleo efectivo y que elevarían la cifra de parados hasta cerca de los 4 millones.
En todo caso, con las cifras del Gobierno y en comparación con el desempleo en los 27 países de la Unión Europea, España sigue siendo tras Grecia el que registra más desempleados. Otra cifra importante y que suelen esconder es el número de contratos realizados que igualan a los que se han rescindido. Además, solo 4 de cada 10 contratos son indefinidos y de ellos únicamente el 43% fueron a tiempo completo.
La política económica requiere algo más que titulares favorables, "tuits" o "tiktoks". Exige transparencia, precisión y respeto por la inteligencia de los ciudadanos. Manipular las cifras para quedar bien en la foto no es un error menor, sino una forma de erosionar la confianza en las instituciones. Además, si los datos no se presentan con rigor, dejan de ser una herramienta de diagnóstico para convertirse en un instrumento de propaganda. Y en el terreno del empleo nos merecemos la verdad.
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