Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
El viejo tango que bajo el melancólico título de “Volver”, escribieron a dúo Gardel y Le Pera, contiene estrofas que estremecen. Una de las más dramáticas es aquella que dice: “sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra” y no es para menos. Disfrutando de este verano que está a punto de doblar el cabo de su existencia, uno tiene ya la sensación de inicia la carrera imparable, vertiginosa y sin retorno hacia las fiestas de Navidad que muchos alcaldes de varias ciudades de España, previsores sin duda y dispuestos a que nada se escape del control y el orden, ya planifican y preparan aunque la inmensa mayoría de sus administrados ande en chanclas camino de la playa. Las exigencias de los mercados, aliadas con el imparable cambio climático que ha pulverizado sin la menor compasión las estaciones intermedias –da la impresión de que apenas existen la primavera y el verano y que pasamos sin andén de tránsito del frío pelón al calor agobiante y viceversa- han conseguido que todo se suceda con más prisa de cómo se sucedía antes, y que todo sea mucho más efímero desde la moda a la música, las películas o la literatura. El inquietante tango de 1934 lo escribió la pareja formada por el letrista brasileño Alfredo Le Pera y el cantor y músico Carlos Gardel, un año justo antes de fallecer en el terrible accidente del 24 de julio de 1935 en el aeropuerto de Medellín, cuando el avión en el que viajaban chocó en la maniobra de despegue contra otro aparato que aterrizaba y apenas hubo supervivientes. Gardel era ya un hombre maduro y corrido a sus 45 años, pero Le Pera acababa de cumplir los 35 y cuando un año antes escribían la letra y la música de esta amarga tonada universal, no tenían ni la impresión ni la sospecha de que unos meses después ninguno de ellos estaría. De hecho Gardel la cantó en una película del mes de enero de aquel mismo año.
Estamos en verano y es este un tiempo para no pensar en serio ni ponerse trascendente, pero como el tiempo vuela que vuela y la Navidad está ahí a la vuelta de la esquina, no vienen mal unos minutos de meditación trascendental. Bajo esos efectos, escribió George Harrison algunas de sus mejores canciones.
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