Televisión para pensadores

Publicado: 26 mar 2025 - 05:01

La trasgresora y profunda serie de televisión “Adolescencia”, producida y protagonizada por la pareja en la vida real formada por los actores Hanna Walters y Stephan Graham, ha entrado de lleno en el panorama de la ficción televisiva con la irrefrenable intención de hacernos pensar, una misión que en el evanescente ámbito de una televisión que parece recreada para que los espectadores piensen lo menos posible y no se hagan preguntas que puedan enturbiar la inacabable contemplación de majaderías en fila india, parece un desafío improbable que alcance el éxito salvo porque los resultados posteriores proclaman que si se hacen bien las cosas, el triunfo puede incluso alcanzarse mediante un producto que no necesita grandes presupuestos, ni efectos costos y ni siquiera tiene que ser original al cien por cien. Y sin embargo, y con esos sencillos elementos, combate una situación cultural y social tan alarmantemente roma como la que en estos tiempos padecemos. “Adolescencia” no es una serie policiaca aunque se inicie como tal, sino una propuesta que incita a reflexionar muy profundamente sobre el entorno en el que habita, se mueve, piensa, pena y ríe una joven generación europea que hoy tiene trece años y se enfrenta a un alarmante proceso de degradación emocional y carencia de sentimientos que determina su comportamiento y se está encargando de demoler la parte más humana y emotiva de todos ellos. Hay en sus entregas tanta consecuencia como intenso drama. E independientemente de las fuertes exigencias que su desarrollo demandan de los actores –el duelo interpretativo propuesto en el tercer capítulo entre el muchacho acusado de haber dado muerte a una compañera de colegio y la psicóloga forense designada para evaluar su comportamiento es todo un recital de lenguaje cinematográfico y fuerza interpretativa- una entrega dura y generosa. La serie es tan sencilla en su planteamiento que de pura simplicidad es novedosa. Pero sobre todo, invita a la reflexión, al descubrimiento de la difícil cotidianeidad en una sociedad como la nuestra, y a compartir sentimiento en un marco tan simple y próximo como el de un barrio de clase trabajadora en el entorno del norte de Inglaterra. No hace falta más. Buen lenguaje cinematográfico, buenos actores y trascendencia.

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