Fermín Bocos
Resucitar el Frankenstein
No es una maldición. Ni un complot contra Vigo. Pero lo parece. Desde Europa llegan malas noticias. Desde el Gobierno, un proyecto de reforma judicial absurdo, condenado a no aplicarse por ineficiente e ineficaz y que obliga a la Muy Leal a malgastar tiempo y esfuerzos en defender su posición para demostrar qué es.
Más. Que el tax lease haya tardado dos años en solventarse y que todavía haya dudas sobre quién tendrá que devolver parte de las ayudas, mientras Holanda multiplicaba por diez la capacidad constructora de sus astilleros, tiene explicación: el anterior Gobierno no movió un dedo y el comisario Almunia se mostró como un converso al europeísmo, trasladando la sensación de que no le preocupaba resolver un problema que podría acabar con el naval en España. En cuanto a la catalogación de Vigo como puerto secundario en la red europea hay que señalar a la pareja formada por José Blanco y González Laxe, que decidió designar a Coruña sin más méritos que la enorme deuda que arrastra el puerto exterior, siempre ávido de fondos para su finalización. Laxe tiene perdón: es un coruñesista convencido, pero Blanco había hecho alarde de 'valedor' de Vigo. Así lo presentó Abel Caballero, que sobre este asunto guarda un silencio aplastante que contrasta con su posición locuaz sobre Peinador. Esa es otra historia, que incluye el indigno papel de Air Europa llevando a Peinador al siglo XX con lentos, pequeños y caros aviones de hélices.
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