Sudando la camiseta

Publicado: 29 ene 2025 - 09:17

Pedro Sánchez atribuye a su condición de resiliente, a su enorme capacidad negociadora basada en su encanto personal, y al esfuerzo al que nunca renuncia porque pertenece a un Gobierno que jamás se da por vencido, este acuerdo parlamentario de última hora alcanzado con Junts para sacar adelante, deslucido y decapitado, el famoso paquete ómnibus. Pero es mentira como viene siendo casi todo lo que cuenta y más ahora que está desesperado y se le nota en el gesto y en la tirantez del rictus bucal. Sánchez ha utilizado en su comparecencia ante los atribulados periodistas que tienen la obligación de asistir a sus espectáculos en la sala de prensa del palacio de la Moncloa, un buen ramillete de vocabulario futbolístico que es el que suele utilizarse cuando hay que convertir en favorable un sonoro fracaso. Ese tinte épico que otorgan conceptos como el de “luchar hasta el último minuto” y “sudar la camiseta”, ni quiera están ya de moda en las crónicas de los partidos, cuyos autores procuran huir de los términos manidos para otorgarle un tono más moderno a sus trabajos y procurar que el redactor jefe no les eche la bronca por apelar a los tópicos. A Sánchez esas apreciaciones de detalle le importan un pito porque el final, le importa un pito todo. Si no fuera así, no habría tratado de vender como victoria una derrota y desde luego si fuera buena gente no habría consentido que en vez de sacar adelante su proyecto gratis como lo habría hecho si hubiera aceptado la mano que le tendía el PP, le haya salido por un ojo de la cara y en calidad de mendicante como le ha pasado ayer tragando las exigencias de Puigdemont que incluyen la asunción de una impuesta moción de confianza. El fugado de Waterloo le ha dado licencia para tramitar los títulos que hacen referencia a mejoras sociales –pensiones, desahucios, ayudas para paliar los efectos de la Dana- y ha tenido que renunciar a los apartados de fiscalidad. Puigdemont le ha dicho que esas son otras cuestiones y que ya se irán viendo si acaso. El resultado es el mismo que si hubiera hecho caso a Feijoo pero mucho más lacerante. Con Feijoo las cosas se habrían ido aprobando de una en una descartando aquellas con las que la oposición no estaría de acuerdo, y se habría ahorrado el bochorno del viaje a Waterloo a recibir las consignas del golpista allí refugiado y la moción.

Sánchez además de un mentiroso compulsivo, es ya un pelele.

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