Sobrevivir al calor y a Peinado
Con cuarenta grados a la sombra y Peinado a la vez, juntos, no se puede sobrevivir. Separados, bien es verdad, tampoco. Con cuarenta grados y más, un día y otro, se sucumbe, y con Peinado lo que muere es el prestigio de la Administración de Justicia y, en consecuencia, la confianza de los españoles en ella. ¿Cómo se ha dejado a ese juez llegar hasta el extremo al que ha llegado? ¿Qué clase de control ejerce el gobierno de los jueces sobre éstos cuando sus desmesuras por no decir otra cosa condenan a alguien antes de ser juzgado? El ciudadano Juan Carlos Peinado, tal vez en la creencia de estar investido de un poder omnímodo, confundiendo la toga con el armiño o con el triángulo divino que inscribe en su centro el ojo que todo lo ve, ha sentenciado con cada una de sus diligencias, sus providencias y sus autos a la ciudadana Begoña Gómez a una pena que no figura en el Código ni podría figurar, la de la pérdida de su buen nombre, de su reputación personal y profesional, a lo largo de una instrucción minuciosamente prospectiva y desatentada cuyos devastadores efectos sobre su persona no logrará revertir ni la nulidad de la causa ni un sentencia absolutoria.
Jueces, magistrados, juristas, catedráticos de Derecho, abogados y cuantos, no perteneciendo a la curia, conservan algún discernimiento, se han echado las manos a la cabeza por la penúltima ocurrencia de ese extraño juez que nunca disimuló su obsesión por empapelar a Begoña Gómez de una manera o de otra, saltando de un supuesto delito a otro y a otro y a otro desde el primero planteado por Manos Limpias: la prohibición de salir del territorio nacional y la retirada del pasaporte a la esposa del presidente del Gobierno de España, y ello en base al fantasioso riesgo de fuga en el que podrían estar implicados como favorecedores los policías de su escolta. ¡Casi nada! Pero ésto, con ser tan extremadamente disparatado, es sólo la guinda que remata, nunca mejor dicho, una instrucción grotesca que, apenas enmendada por las reconvenciones de la Audiencia Provincial, ha logrado lo que parecía su propósito inicial.
Con cuarenta grados a la sombra y Peinado pletórico con su misión cumplida no se puede sobrevivir. Los particulares tal vez sí con el aire acondicionado a toda pastilla, pero ¿y el crédito de la Administración de Justicia?
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