Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Todos los comentaristas políticos e incluso los que no lo son porque la conclusión parece obvia, suponen que el Congreso del PSOE se ha construido a la medida del puto amo para que el puto amo borre de la faz de la tierra cualquier huella de Santos Cerdán hoy domiciliado en la prisión de Soto del Real por orden del juez. Paralelamente a él, se ha desarrollado en Sevilla el del PP que por razones completamente contrarias no ha suscitado mayor interés y que podría haber dado algún juego informativo si Alberto Núñez hubiera elegido retornar a las gafas de patilla en vez de seguir con la mirada perdida en el infinito. Esta sensación de sereno discurrir tiene dos lecturas, una positiva y otra menos, y el tiempo dirá cuál de las dos es la cierta.
La cita del PSOE también ha esbozado la posibilidad de dos caminos. Como el divino líder es el que toma todas las decisiones también en esta ocasión ha impuesto el que supuestamente es el nuevo estilo que consiste en hacer limpia y otorgar responsabilidades compartidas, probablemente para que los tres elegidos para reconstruir el partido se vigilen el uno con los otros y se neutralicen entre sí. Pero o bien se ha confundido en la designación o ya no le quedan ases en la baraja porque están todos de pringue hasta las cejas. La nueva secretaria de Organización, Rebeca Torró, está marcada por un empresario investigado por tener tratos con Cerdán desde Valencia, y el tercero de la terna, el sevillano Paco Salazar hombre de confianza del puto amo, ha demitido horas después de ser nombrado por las sospechas que pesan sobre él de comportamiento inadecuado aunque nadie conozca todavía cuan inadecuado puede ser ese comportamiento. El caso es que le ha costado el puesto nada más hacerse con él. De los amigotes de toda la vida solo queda ya Borja Cabezón como guardia de corps de las esencias sanchistas.
Pero la dimensión de este enorme esperpento que encierra el Congreso socialista se proclama por su mismo. Si Sánchez lo ha dispuesto todo para borrar las huellas de Cerdán y sumergir su persona en el olvido, por el primero que debería iniciar la operación es por él mismo. Era su secretario de Organización, él negociador de Waterloo, el segundo en el Peugeot, el tercero en el organigrama. El amigo, el compañero, el más próximo a él mismo. Si hay que borrar, bórrese todo.
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