Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
Pues mire, dilecta leyente, dice un concupiscente aforismo que "la jodienda no tiene enmienda" (perdone la crudeza de la expresión, pero hay que respetar el principio de taxatividad). Me refiero a que ya no sólo se descubren tramas de curas pedófilos, sino que, incluso, la perversión llega a los conventos de clausura, pasándose por el arco virginal el juramento de castidad a Dios.
La supongo enterada del caso de las dos monjas que resultaron embarazadas dentro de las paredes del sórdido monasterio, donde rige estrictamente el derecho de admisión. Por ello no parece que resulte difícil saber quién es el garañón asalta-conventos o embarazador en serie. Además, una señal identificativa es la concurrencia en el sospechoso del llamado "embarazo por imitación", causa de que el padre puede llegar a sufrir los mismos cambios hormonales que la madre gestante, con similares antojos y síntomas (mareos, cambios de humor, ansiedad por ciertos alimentos…).
Al parecer, esta última "hermana" llegó a urgencias quejándose de un fuerte dolor de barriga y salió de allí con un bebé. Seguramente creyó, en su "ingenuidad", que el abultamiento de la tripa se debía a un exceso de gases. En fin, no quiero caer en el chiste fácil, ni hacer leña del árbol caído y menos equiparar el dislate de dos monjas con el de los curas, ni en cantidad ni en calidad. Que los religiosos sucumban al deseo sexual no debiera ser motivo de escándalo, siempre que su desahogo se quede dentro de los misterios gozosos. En el caso de ellos, siempre se ha cubierto bajo el subterfugio de llamar "sobrinos" a sus rorros. Ellas lo tienen más difícil.
Mire, no sé cuáles serán la excusas de ambas "madres", pero yo les sugeriría unas cuantas bolas. Por ejemplo, de carácter científico, como ser víctima del síndrome del caballito de mar (hermafroditismo) o del de "Thomas Beatie", en versión propia (una de las monjas, nacida hombre, conservó su aparato reproductor), o paracientífico, como haberse bañado en una piscina pública. O de haber sido drogadas con la burundanga o la ketamina (se les atribuye sumisión química y amnesia). ¿Quién será el camello? ¡Misterios luminosos!
También se puede intentar la justificación de carácter místico, como la intervención del fantasma de sábana blanca (en realidad era el amante sorprendido que saltaba por la ventana enfundado en una sábana del tálamo); O del incubo (un tipo de demonio inventado que visitaba las alcobas de las doncellas); o del tokoloshe africano (una modalidad del anterior, pero a diferencia de aquél era considerado un duende que traía buena suerte a la familia. Así que además de chingarse a la dama ("cierva amada y graciosa gacela"), era agasajado por el "cornuto") y, en sentido más clásico, del Espíritu Santo (en la versión de la secta del arcángel migueliano parece que la excusa era que su líder insuflaba el Espíritu Santo a través del semen). Igualmente se puede acudir a la trola de tipo prosaico, como consecuencia de ver cine porno en 3-D (el polvo era tan realista…Y si el niño nace negro, es porque el protagonista se parecía a Will Smith).
Esperemos que un hecho tan hermoso como es la maternidad, máxime, como sería deseable, cuando es fruto del amor (eso sí, terrenal), no termine en tragedia, pues como dijo el Papa Francisco: "Lo mundano aturde más que el aguardiente en ayunas". Así que nada de arrojar al arrollo a la madre y su criatura, que no sería caridad cristiana; que el padre apechugue con su responsabilidad y que se conviertan en una feliz familia; que pidan una especie de excedencia voluntaria por agrupación familiar ¡y a vivir en la casa de la pradera!, pues lo de habilitarles un módulo familiar dentro del convento lo veo más difícil.
Contenido patrocinado
También te puede interesar