Rafael Torres
El sesgo
Las mujeres, esto es, sus problemas, sus aspiraciones y sus necesidades específicas, nunca figuraron en primer lugar en las preocupaciones del gobierno regional de Moreno Bonilla, recuérdese los cribados, pero a partir de ahora, que el PP ha entregado a Vox el control del Servicio que se ocupa de las más vulnerables de ellas, las víctimas de la violencia de género, figurarán en el último. Para Vox, como se sabe, la violencia de género, machista, que la vida de tantas mujeres se cobra, no existe, de modo que no hay necesidad ninguna de prestar asistencia psico-social a las víctimas, que es lo que venía haciendo el Servicio de Valoración que Moreno Bonilla ha puesto en sus manos.
Esto de muerto el perro se acabó la rabia, es decir, muerto el Servicio se acabó el rollo de la violencia machista, es muy de la naturaleza o capacidad cognitiva del partido de ultraderecha, que, para acreditarla sin ningún género de dudas, llevaba años persiguiendo en el Parlamento Andaluz la disolución de dicho Servicio por su "sesgo ideológico". En efecto, todo vocablo, término o concepto vinculado a la palabra "idea", confunde y encocora a los patriotas fakes: ideación, ideología, idealismo... No lo soporta, lo ve como cosa de rojos, y al fin tiene en sus manos el potente bisturí que le ha regalado Moreno Bonilla para extirpar ese "sesgo".
Desde muy atrás, desde los tiempos en que hacía de carabina en la coyunda PP-Ciudadanos con su docena de diputados, Vox ya tenía entre ceja y ceja a ese Servicio de atención a las mujeres brutalizadas, tanto que se hartó de pedir verbalmente y por escrito la depuración de los profesionales que lo integran, psicólogos, forenses y trabajadores sociales de las unidades radicadas en cada provincia andaluza, todos ellos portadores, al parecer, del virus del "sesgo ideológico". Ahora ya, con la catastrófica concesión a los negacionistas de la trágica evidencia, Vox podrá, y lo hará, depurar y apurar la depuración hasta dejar el apoyo institucional a las mujeres maltratadas en los huesos, y el crédito político, social y moral de la Junta de Andalucía por los suelos.
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