José Teo Andrés
San Blas, la fiesta de Vigo
Rosebud, el famoso trineo de Ciudadano Kane, la inolvidable película, opera prima, de Orson Welles, de 1941, ha sido vendido en subasta, en Estados Unidos, por muchos millones de dólares. Un postrer capítulo de aquella indeclinable historia escrita por Herman Mankiewicz y el propio Welles, Oscar al mejor guion: la vida de un hombre llevada a la pantalla después de su muerte, a través de los recuerdos y opiniones de quienes mejor lo conocieron. Todo empezó en la nieve, símbolo de pureza, y una palabra, Rosebud, pintada en el trineo del niño pobre que este abandona al tener que dejar su casa. Mucho tiempo después, todo terminará con una bola de cristal rompiendo en mil pedazos el paisaje nevado que guarda, mientras su misántropo y anciano dueño, muere diciendo la palabra que nadie sabe interpretar: Rosebud.
Entre una y otra escena pasa la vida, tumultuosa, con sus triunfos y fracasos, ambiciones y tragedias, amistades y desencuentros, amores y abandonos. Al fin, la soledad. Dicen que la imaginada peripecia vital del magnate Kane era un trasunto parcial del excesivo, y bien real, millonario William Randolph Hearts, una de esas insaciables personalidades que encarnan el sueño americano o, simplemente y en la escala que a cada uno nos corresponde, la ambición que todos llevamos dentro y que nos impulsa a levantarnos cada mañana. Kane es dueño de minas de oro, de periódicos, persigue el éxito en la política, acumula antigüedades y obras de arte que no llega a desembalar y actúa con prepotencia ordenando la vida de los demás sin dar nada a cambio.
Los espectadores asistimos a la frenética vida de este Charles Foster Kane imaginando un dramático final a la altura de aquella. Si la peripecia vital del magnate daría suficiente material para entretener al espectador durante los 119 minutos de su metraje, el genio de Welles se sentiría frustrado ante tamaño convencionalismo. Su magia, la del gran cine, está en contarnos bien las buenas historias. Aquellas que, además de contar lo ordinario de modo sublime, tienen también la capacidad de sorprendernos con lo extraordinario y paradójico.
En las entrevistas que el también cineasta Peter Bogdanovich realizó a Orson Welles, hay mil y una indagaciones sobre los detalles de la película que hacen las delicias de los cinéfilos. El más trascendente se produce cuando, al final, el periodista que investiga la vida de Kane afirma: “el señor Kane fue un hombre que tuvo todo cuanto quiso, y que lo perdió. Tal vez Rosebud fue algo que no pudo conseguir o algo que perdió, pero que no hubiera explicado nada …”. Los 14,75 millones de dólares que han pagado por el viejo trineo explican, al menos, el poder perdurable de la narración.
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