Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Hace ahora 30 años finalizaba el mandato de Carlos Príncipe, que se había anotado como su gran éxito haber conseguido urbanizar Rosalía de Castro entre las calles Pontevedra y Oporto, una misión que parecía imposible y en la que varios alcaldes anteriores habían fracasado, entre ellos el autoritario Portanet. Lo que hoy es una de las mejores vías urbanas locales era entonces un barrizal donde coexistían infraviviendas, una carbonera, los restos del trazado ferroviario, con un túnel incluido, y algunos almacenes de chatarra. El pacto para ordenar ese tramo no fue fácil y derivó en denuncias que acabaron ante el Tribunal Supremo, que finalmente decidió archivar el proceso.
Ese mismo 1995, también se aprobó la junta de compensación del tramo entre Serafín Avendaño y García Barbón, otro con enorme complejidad, que acaba de completarse ahora con el último edificio de la urbanización, lo que ejemplariza lo difícil que es desarrollar actuaciones en Vigo. Rosalía de Castro al fin se ha terminado desde Colón a García Barbón, siendo una de las pocas calles llanas, céntricas y próximas al mar. Además, cuenta con miles de residentes. Su atractivo es tal que algunos de los últimos bloques en comercialización ofrecen viviendas a más de un millón de euros. Y se venden con facilidad.
El otro éxito del alcalde Príncipe fue cerrar el basurero del Zondal -que podrá reabrir ahora como parque- y solucionar definitivamente gracias a Sogama el problema de la eliminación de los residuos urbanos, pero eso le costó la cabeza. Así es la vida. Nadie dijo que fuera justa.
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