José Teo Andrés
Menos niños, menos escolares, menos Vigo
Las relaciones entre el Reino de España y los Estados Unidos han quedado seriamente tocadas y, al margen de otros aspectos, conviene echar mano de la geopolítica y traer a colación que, al mismo tiempo, Trump mantiene una cordial relación con Marruecos, como lo demostró en su momento su apoyo para el pleno control del territorio del Sahara (que fuera una colonia española), asunto el que se plegó Pedro Sánchez, en contra de lo que tradicionalmente mantuvo el PSOE y él dirige, en cuanto a que fueran los saharauis, sin tutelas, los que decidieran su futuro. Por cierto, en la “Marcha verde”, los marroquíes que invadieron el Sahara llevaban al frente la bandera de los Estados Unidos.
En estos momentos, Marruecos mantiene unas relaciones excepcionales con los Estados Unidos, y cuenta con todo su apoyo, al tiempo que el reino alauita presta todo respaldo a Trump. No es novedad que los planes estratégicos de defensa de España contemplan la posibilidad y diseñan la estrategia frente a un conflicto con Marruecos, centrado en la defensa de las plazas de Ceuta y Melilla, las islas de soberanía española y no sólo las aguas que las circundan, sino las mismas islas Canarias. En el panorama actual, cabe preguntarse qué harían los Estados Unidos caso de conflicto. Aparte del largo millón de marroquíes que viven en España, más de la mitad son jóvenes en edad militar, incluidos los falsos menas. En el Ejército español desplegado en Ceuta y Melilla, cuatro de cada diez soldados es de origen marroquí.
Durante muchos años el plan español de defensa de las plazas de soberanía en el Norte de África se denominó “Plan Ballesta” y contemplaba un desembarco de tropas aerotransportadas y paracaidistas detrás de las propias líneas marroquíes, además del ataque por mar y aire a alguna de sus ciudades para reducir la presión sobre las plazas españolas, antes de recuperarlas. Ambas ciudades y sus islotes quedaron fuera del Tratado de la OTAN. Tampoco podríamos fiarnos de los Estados Unidos: No olvidemos que cuando en 1957 el Ejército Real Marroquí, disfrazado de bandas armadas, atacó Ifni, España no pudo emplear en la defensa de aquel territorio el material de origen norteamericano cedido a nuestro país como consecuencia de los acuerdos de 1953. En el “Plan Ballesta” tendría destacado papel una unidad gallega, la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable “Galicia VII”, de guarnición en Figueirido, Pontevedra, y Siero, Asturias.
En un espléndido trabajo, el embajador Carlos Miranda explica que España precisa poseer plena capacidad para enfrentarse a un eventual conflicto con Marruecos. Hemos de ser autosuficientes y determinar nuestros medios militares. Sería la necesidad de ampliar durante el conflicto el perímetro de Ceuta y Melilla para defenderlas, pero para eso convendría tener desplegado el material necesario y asegurar el cruce del Estrecho. Dice Miranda: “Rabat nos dispararía obuses por encima del Estrecho, misiles a ciudades como Cádiz, Málaga, Sevilla o Madrid, empleando también miles de drones e intentando tener con su aviación una superioridad aérea. La superioridad naval la tenemos nosotros y hemos de mantenerla con fragatas y más submarinos bien armados. Nuestro Ejército del Aire y del Espacio está en condiciones de asegurar nuestra superioridad aérea, aunque puede que estemos cortos de satélites espías y de drones. El Ejército de Tierra es el que peor puede estar. Es inferior en efectivos y reservas al de Marruecos. Tampoco parece estar en condiciones de interceptar como Israel casi todos los misiles dirigidos contra nuestro territorio, algo verdaderamente prioritario”.
En este trabajo, dice Miranda que hay que tener previsiones sobre las cosas que menos nos gusta ni siquiera imaginar. Convendría tener una idea más clara de las generales de nuestra disuasión para tranquilizarnos y saber en qué se invierte el dinero para defendernos de una amenaza norteafricana o de Rusia. ¿Y qué vivimos en este momento? El peor, sin duda. Mientras que los Estados Unidos y Alemania dicen que España no es fiable para nuevas inversiones comerciales. Y con cierto recochineo el presidente de los Estados Unidos afirma que, diga lo que diga España, ellos utilizarán sus bases aquí como les parezca, sin que nadie puede decirles nada. Y de paso, vuelven a emplazar a Sánchez a incrementar el gasto militar. Pero incluso por encima de ello, lo que más irrita a Washington es la postura de Sánchez con respecto al ataque el régimen dictatorial de los ayatolás. Puede que a Sánchez le ayude a mejorar su deteriora imagen ante sus públicos. Mira por dónde hasta le viene bien.
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