Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Últimamente están triunfando los libros de memorias, esos catálogos de recuerdos entre la realidad vivida, la realidad soñada, lo que fue y lo que no fue aunque debería haber sido, que los personajes que han tenido el privilegio, el honor y la responsabilidad de destacar sobre los demás en situación de trascendencia a las que no llegamos el resto de los seres humanos parecen encontrarse en la necesidad de glosar a toro pasado uno no sabe muy bien si para aclarar ciertos pasajes con influencia superlativa en el pasado y proyección indiscutible en el futuro, o para acallar la conciencia descargando algunos de los pasajes de mayor tensión a lo largo de sus vidas cuando están van decayendo y queda la necesidad espiritual e imperiosa de ponerse a bien con uno mismo y con los demás por lo que pueda ocurrir al otro lado de la verja.
La ex ministra Nadia Calviño a cuyo padre conocí cuando estaba al frente de la Radio Televisión de Galicia y con la que me une mi asistencia al mismo colegio en el que ella se educó aunque con tantos cursos de distancia que no coincidimos en sus aulas, es muy joven. Demasiado joven para contar sus recuerdos salvo que los colmillos de la necesidad le muerdan el alma y no tenga más remedio que expresarlo en un libro. Muy satisfecha de su pasado no parece estar porque lo que se ha colado en las noticias de prensa sugiere unas cuantas confesiones que no parecen muy acordes con la necesidad de ser honesto con el contribuyente además de serlo con aquellos que han depositado en ella su voto.
Pero quien parece encaminado a batir todos los registros de polémica, ira guardada, deseos de ajustar cuentas y necesidad imperiosa de cantar por soleares es el Rey emérito cuyos pasajes entresacados de su tomo de memorias editado primeramente en francés y luego, ya se verá, está levantando las primeras ampollas en el epitelio de un país que ha pasado de considerarlo una figura ejemplar a denostarlo por irresponsable, impostor y defraudador entre otras muchas lindezas. No es el primer libro que se edita tratando de trasmitir al presunto lector ese halo de confidencialidad que presagia confesiones muy al límite –recuérdese el que firmo Juan Luis de Villalonga- pero esta vez parece que va en serio. Suicidio o redención. Et rien ne va plus...
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