Reventar a los empresarios

Publicado: 26 feb 2026 - 01:20
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No nos merecemos los políticos de los que gozamos. Me refiero a los españoles, no crean otra cosa. Si hace unas semanas, esa eximia política que es Ione Belarra pedía "reventar a la derecha", ahora insiste en ampliar sus objetivos y lo que quiere es reventar a los empresarios, acabar con ellos. Sobre todo con algunos. De Juan Roig ha dicho en el Parlamento, no en un mitin, que es "un ser despreciable" y que Mercadona "ha convertido el sector de la alimentación en un monopolio", lo que al margen de una falsedad le supondría un cero en un examen de economía de primero de Bachillerato. No es la única. Pablo Iglesias -el tabernero que montó su bar con un crowfunding, a pesar de sus recursos económicos y los de su mujer, y cuyos trabajadores le acusaron de pagar salarios bajos, turnos abusivos y exceso de horas extras- le llamó al mismo Juan Roig "capitalista despiadado" y de los cientos de millones de euros que Amancio Ortega regaló a hospitales públicos para mejorar el diagnóstico y el tratamiento del cáncer, dijo que "la democracia no debe admitir limosnas". Creo que fue también Pablo Iglesias quien afirmó que a los empresarios no les gusta pagar salarios dignos sino acudir a los palcos de los estadios de fútbol, aunque no señaló que los que van siempre están dos o tres filas por detrás de los ministros de este "Gobierno de progreso" sin pagar su entrada. Irene Montero ha acusado a las grandes cadenas de ser "empresas corruptoras" y de "robar a la gente".

No son los únicos. Yolanda Díaz, que, a Dios gracias y por sus muchos méritos, está cada día más cerca de la jubilación política, ha cuestionado la legitimidad de Garamendi, el presidente de la CEOE, ha excluido a la patronal del diálogo social, ha impuesto por decreto decenas de reformas, ha comprado el silencio de los sindicatos -que están en el momento más vergonzante de su historia, callados ante los escándalos de corrupción y la degradación institucional-, pretende ir a una jornada laboral de cuatro días, sin ningún consenso, y sin tocar los salarios y ha hecho una reforma laboral trufada de mentiras y falsos contratos indefinidos. A Yolanda Díaz no le preocupa el absentismo -millón y medio de trabajadores faltan al trabajo cada día- ni la productividad ni la temporalidad en el empleo público, que es el que más ha crecido en estos últimos años. Eso sí, quiere obligar a que en los consejos de administración de las empresas, el cincuenta por ciento de los puestos se reserve a los trabajadores. Por decreto. Para que los inversores corran a crear empresas en España.

Sumen a todo eso el intento de crear un banco público con fondos opacos, la obsesión de la ministra de Sanidad de acabar con la sanidad privada y su colaboración con la pública, especialmente en Madrid, territorio de su enemiga Díaz Ayuso o el abandono de la escuela concertada, cuyos módulos no se revisan desde hace diez años. Y los intentos de controlar a los medios de comunicación o que todos sean públicos. Para garantizar una información "veraz". Y no hablemos de la Justicia.

No tengo que hacer la defensa de Mercadona. Pero, para quienes no lo sepan, esta empresa ha creado 112.000 puestos de trabajo, el salario base es de 1.747 euros mensuales, este año ha subido los salarios un 2,9 por ciento, acaba de dar a sus empleados una semana extra de vacaciones (de 30 a 37 días) y esta semana ha repartido dos pagas extras a los empleados de menos de cuatro años de antigüedad y tres para los que llevan más tiempo. Mercadona tienen una cuota de mercado del 29 por ciento del sector, diecinueve puntos por delante de la siguiente, se supone porque los consumidores no son tontos y saben lo que eligen con absoluta libertad. Mercadona es una empresa española y varios de sus competidores son extranjeros, franceses o alemanes. Pero la extrema izquierda quiere acabar con empresarios como Roig, cuyas ayudas solidarias a cientos de damnificados por la Dana, llegaron inmediatamente tras la tragedia. Igual que las ayudas públicas.

Para todos estos políticos de extrema izquierda, defensores, a estas alturas, del comunismo, los empresarios son especuladores y machistas y si los exterminaran no pasaría nada. Lo quieren todo público, como en Cuba o en otros países donde el comunismo ha demostrado sus virtudes y sus éxitos en la gestión económica, igualando a todos los ciudadanos, menos a los que detentan el poder, en pobreza y miseria. Eso, sin contar, los millones de muertos por no aceptar que la libertad, la democracia y los derechos humanos son engaños del peor capitalismo salvaje. Y luego hablan de fascistas y de ultraderecha. Como si ellos fueran otra cosa.

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