Fermín Bocos
Legislatura agónica, Sánchez sigue
Yo no desayuno. No lo hago nunca porque soy incapaz de ingerir un alimento recién levantado de la cama aunque sean las siete de la mañana. Cuando era un escolar, se empeñaron en que me tomara un tazón de cacao antes de irme al cole con una manzana y una onza de chocolate en la mochila, pero pasado el tiempo y como quiera que no soporto el café, resolví abandonar esa costumbre de desayunar, y mucho más de desayunar fuerte como hacen los ingleses por ejemplo. Lo que pasa es que los ingleses no comen a la hora en la que se debe comer, y se contentan con una loncha de algo similar al jamón cocido entre dos rodajas de pepino aliñado con pimienta de sobre y se quedan tan contentos.
La historia de mi renuncia a desayunar es un tema recurrente en las reuniones de familia, en cuyo seno se cree a pies juntillas que el desayuno es el elemento que aporta combustible a la jornada, y si uno no lo hace, morirá seguramente por consunción antes de llegar al medio día. Menos mal que una juiciosa y gratificante nueva incorporación a este colectivo ha puesto las cosas en claro. Es médica, especialista en nutrición, y afirma que el cuerpo es muy sabio y sabe lo que le interesa. Y si uno no quiere iniciar el día con una buena dosis de carbohidratos, cafeína, azúcares y colesterol salchichero y tocinero, puede obviar tan divinamente el trámite sin que pase nada. De todos modos, nadie en esta unidad familiar, salvo excepciones reseñadas, se solidariza con mis hábitos y los hay que lo consideran una monstruosidad, juicio de valor que se acompaña con algunos consejos como el de desayunar de una forma sana y civilizada pongamos por caso una manzanilla y una tostada con aceite de oliva virgen de primera prensa, mermelada probiótica y ensalada de apio y rábanos. Todo menos echarse a la espalda el día en ayunas. Yo, como no estoy acostumbrado a estos excesos, me las arreglo sin llegar al almuerzo mordiendo las farolas y al borde del desmayo. El día suele traer sorpresas, a menudo desagradables que no se arreglan con bocadillos de pan con tomate y café con leche con mantequilla y jalea de frambuesa.
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