Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Tenemos un presidente del Gobierno al que le han vuelto la espalda la mitad de sus ministros, que no cuenta con el apoyo de las Cámaras y con los presupuestos caducados. Ese presidente tiene imputados a su mujer, a su hermano y al fiscal del Estado a quien considera “su fiscal”, además de aquel que fue en su momento su segundo de a bordo y del que pende hoy toda una presumiblemente corrupta trama. En esas circunstancias, cualquier otro en su lugar hubiera anunciado su renuncia porque está meridianamente constatado que en semejantes condiciones no hay dios que gobierne. Pero a Pedro Sánchez este panorama no solo no le produce el natural sonrojo que impulsaría a dimitir y convocar elecciones a cualquiera, sino que le otorga fuerzas para seguir tirando hasta agotar la legislatura. No resulta un ejercicio sencillo suponer cómo van a ser los últimos días de este personaje y su polémico entorno –su hermano sin ir más lejos hubo de volver ayer mismo delante de la jueza- pero a eso a él le da igual y mientras pueda, seguirá. Sin necesidad de consenso ni estabilidad, sin Cortes ni zarandajas. Ayer por la mañana, por ejemplo, un fino analista de la actualidad política señalaba en la radio que en su opinión no había motivo alguno consciente para fallar en los funerales del Papa sino simplemente deseo personal. Al presidente no le ha dado la gana ir a Roma y no hay más.
Este personaje que gobierna sin Gobierno, sin Cortes ni presupuestos, con media familia ante el juez y la huella indeleble de la corrupción en los despachos de quienes le dieron sus fidelidades, no le otorga la menor importancia a someter al más espantoso de los ridículos a uno de sus ministros de alta gama, –es la segunda vez que pone en evidencia a Marlaska aunque esta ocasión con la compra de las balas israelitas es insuperable- no acude a un acto de representación ineludible porque no le apetece, y cumple un año justo de aquella vergonzosa espantada en la que nos involucró a todos para hacernos cómplices del amor que siente por su mujer a la que, por cierto, los jueces que tanto ha denostado no acaban de exculpar. Este es nuestro presidente. Por cierto, ya nadie cita lo de la “máquina del fango”. La consigna ya no está en vigor.
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