Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Luis Espada abandonó su papel de Valedor do Cidadán de Vigo, cargo que ha sido el primero en ostentar desde su creación, y deja atrás toneladas de demandas, denuncias, informes sectoriales y toda clase de documentos en una producción estajanovista. Espada, que también fue el primero como rector en la Universidad de Vigo, es un hombre muy ordenado y extremadamente pulcro en sus análisis, propios del científico que es, ingeniero químico de profesión, capaz de calcular con precisión y ofreciendo conclusiones definitivas sobre el tiempo de corrosión de una estructura o un material. Lo hizo con el puente de Rande cuando se construyó y con la pintura de las farolas del paseo marítimo de Las Palmas, en un encargo de su ayuntamiento, y en ambos casos con total exactitud.
Le va a suceder en el cargo por decisión de la Alcaldía la magistrada emérita Lola Galovart, que viene justo del otro lado, de las letras, con una larga carrera como jurista. Primero como abogada en ejercicio y luego como magistrada por el llamado “cuarto turno”, un procedimiento de elección por el Gobierno a cuenta de los méritos, sin pasar por oposiciones, que se utilizó en los años ochenta por el Ejecutivo de Felipe González. Como jueza ganó fama de trabajadora y profesional. El siguiente paso lo dio en la política, siendo dos veces diputada en el Congreso por el PSOE con Mr PS de líder, es decir, hace bien poco. Finalmente, pasó por el Parlamento de Galicia en la Oficina del Valedor do Pobo.
Es decir, que tiene conocimientos y experiencia de sobra para ejercer el nuevo puesto. Y también que es justa la protesta de la oposición por su adscripción ideológica manifiesta, que coincide al 100 por cien con el gobierno local al que tendrá que confrontar inevitablemente para defender denuncias de los ciudadanos vigueses sobre acciones y omisiones llegadas desde el ayuntamiento. Suya será la responsabilidad de que pese más la jurista o la política. En sus manos está.
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