Miguel Anxo Bastos Boubeta
O fim do império americano?
Se asombraba esta semana el concejal del Partido Popular Antonio Coello, ex responsable municipal de Tráfico, de que la única línea de Vitrasa que cumple las frecuencias prometidas por el alcalde, cada cinco minutos en el centro y 15 en las parroquias, es la que llega hasta el Alto de la Encarnación, en Chapela, por tanto en el vecino municipio de Redondela. Chapela es una rareza: forma parte del núcleo urbano de Vigo pero administrativamente está integrado en el ayuntamiento de los viaductos. Esta parroquia cuenta con unos 8.000 vecinos censados, más que la propia villa, y su rareza es tal que en las elecciones locales suele haber en sus calles más cartelería de Vigo que de Redondela, una auténtica campaña sin electores. Sus propios vecinos se consideran a menudo vigueses, aunque por lo general se sienten chapeleiros por encima de todo, y muy poco o nada redondelanos.
Estos días hay movida en el vecindario Chapela a cuenta de la ampliación de la autopista, a la que se oponen, y su ayuntamiento madre, Redondela, está con los afectados, mientras que el de la Muy Leal se alinea en las tesis contrarias. Ambos tienen razones de sobra para defender sus respectivas posiciones, pero es evidente que si Chapela forma parte no sólo de facto sino de derecho del ayuntamiento vigués, habría otra posición por parte del consistorio del castillo y el olivo. Lo mismo pasa con los camiones: el concejal de Tráfico vigués, el único miembro del grupo socialista con capacidad de gestión y autonomía, ha decidido prohibir el tráfico pesado por Sanjurjo Badía, decisión comprensible e incluso deseable pero inviable por falta de alternativas válidas.
Todo ello, y no sólo, justifica de sobra la puesta en marcha del organismo Área Metropolitana, y que no sea sólo un fallido club de ayuntamientos (como la agonizante Mancomunidad de Vigo), sino una entidad con capacidad jurídica para tomar decisiones que resultarán ejecutivas para sus miembros, como pasa con las directrices de la Unión Europea, por poner un ejemplo.
Vigo y Redondela conforman un todo, y lo lógico es que defiendan posiciones comunes, coordinadas en una entidad superior cuya urgencia es evidente.
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