El recuerdo del accidente de Rande y la seguridad futura
Como hijo y nieto de maquinistas de RENFE tuve desde niño una especial sensibilidad sobre los asuntos ferroviarios y me crie con el lenguaje de los profesionales del sector de “Tracción” (los conductores) como lo de ir “marcha a la vista”; es decir, con cuidado para poder parar llegado el caso. Si estoy en este mundo es porque mi padre pudo sobrevivir a un accidente, todavía en tiempos del vapor, cuando su máquina quedó bloqueada en un túnel y él y su compañero quedaron inconscientes y asfixiados a causa del humo. Sobrevivieron porque en el convoy viajaba una compañía de Infantería de Marina de Ferrol, que con gran arrojo se desplegó en el interior del túnel y los rescataron. En el relato de otras incidencias ferroviarias, mi padre también sobrevivió a un alcanzamiento, cuando su máquina, ya una moderna Diesel, colisionó con un tren estacionado, como acaba de pasar el Toledo, en la misma vía.
Para que se tenga idea de cómo eran los maquinistas de antes hay que recordar dos cosas: primero, que iban por parejas; segundo, que cada maquinista tenía asignada su máquina, no como ahora que todos las pilotan todas. Cuando el maquinista descansaba, la máquina paraba. Pero eran tan profesionales que el día de descanso iban al taller para estar presentes en las reparaciones y revisiones. Recuerdo que mi padre y mi abuelo me contaban que eran imposible por seguridad arriesgarse a llevar los convoyes con las velocidades que marcaban los itinerarios debido a los perfiles de la vía y a su deficiente conservación.
En los años 70, la línea a Madrid por Puebla de Sanabria acumuló tal cantidad de siniestros que, ante las protestas de la Cámara de Comercio de Vigo, que denunció el caso, el propio presidente de Renfe tuvo que venir a esta ciudad a disculparse. Galicia tiene en el terreno de accidentes ferroviarios, siempre con dolorosas consecuencias. Se recuerda el accidente que se registró el 9 septiembre de 1976 a la altura de Rande y dejó quince muertos y 29 heridos. Una máquina aislada, en lenguaje ferroviario, procedía de la terminal de mercancías de Guixar se encontró a las 18.30 horas de frente con un convoy modelo Ómnibus 2735, con 120 pasajeros que llegaban de Santiago.
Con estos antecedentes, a partir de la consternación, la solidaridad y la prudencia que impone los sucesivos y terribles accidentes ferroviario de Adamuz, en Córdoba y Urda, en Toledo, y vistos los antecedentes y consecuencias de otros anteriores, es inevitable que recordemos el antecedente del accidente ferroviario del Alvia 04155 que cubría el trayecto entre las ciudades de Madrid y Ferrol, en Angrois, cerca de Santiago. Como consecuencia de este accidente, el Juzgado de lo Penal número 2 de Santiago condenó a dos años y seis meses de cárcel al maquinista del tren Francisco Garzón, y al que fuera director de Seguridad en la circulación de ADIF (administrador de infraestructuras ferroviarias) Andrés Cortabitarte, por 79 delitos de homicidio y 143 de lesiones por imprudencia grave. La sentencia sienta un precedente interesante, ya que, en este caso, se advirtieron “ausencia de medidas para mitigar el riesgo de un sistema de seguridad que deja toda la responsabilidad en el maquinista (máxime cuando ahora va uno solo, y no en pareja, como era tradición en RENFE), y al despiste de éste al recibir una llamada del interventor”. Luego de lo de Angrois, Galicia sufrió otro accidente con víctimas. En Porriño, ocurrido el 9 de septiembre de 2016, fue un siniestro grave que causó la muerte de cuatro personas y dejó a medio centenar de heridas. Se produjo en la línea del tren Celta, en la entrada de la estación de O Porriño, cuando un tren de la compañía Comboios de Portugal descarriló a una velocidad de 110 kilómetros por hora, a un tramo limitado a 30 kilómetros por hora.
Sobre estas historias, ahora la buena noticia es que Ourense seguirá siendo el centro esencial del control del tráfico ferroviario de Galicia. El tráfico de la línea de alta velocidad entre Ourense y Santiago dejará de gestionarse desde el cerebro operativo de Adif en Atocha y lo asumirá el nuevo centro de regulación de la circulación de Galicia. Adif anunció en septiembre del año pasado una inversión de 1,1 millones de euros para modernizarlo. El nuevo centro gestionará, "a distancia y en tiempo real, la circulación de trenes por toda la red de Galicia: líneas de los tres anchos de vía que suman 1.151 kilómetros". El centro está en la vieja estación de San Francisco, que fuera reducida a un simple apeadero. Esta estación es famosa porque está dotada de un túnel sin salida que en lenguaje ferroviario se denomina estrelladero, recurso para meter a los tres imposibles de frenar, en caso necesario. Este túnel tiene otra curiosa historia. Se le llamo “el túnel del amor”, por razones que es fácil deducir.
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