Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
Quienes manejan los hilos de la información y desinformación política de este país ya están tardando en fichar a Shakira. Como la cantante colombiana declinará dicha oferta con seguridad -pues está muy ocupada cantándole a Gerard y ya factura sobradamente- tendrían que optar por imitarla para hacer llegar sus mensajes a través de letras directas y envenenadas, con dardos punzantes, matices sutiles y recados subliminales, a ritmo desenfrenado aún a riesgo de quebrar caderas o precisamente para esto. Cuando todos los analistas políticos, profesionales de la información o comentaristas en general de la actualidad mediática tenían a medio redactar su artículo, columna, guión o argumentario de partido sobre las últimas consecuencias perniciosas de la reforma legislativa del Código Penal liderada por el Gobierno, las desafortunadas intervenciones de la Secretaria de Estado de Igualdad, el cristo casi ininteligible de los nuevos nombramientos en el Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial, o incluso Ucrania, suenan los primeros acordes de la nueva canción de Shakira y el mundo entero –literalmente- no está a otra cosa que al ulule de la primera estrofa.
Inmediatamente, millones de reproducciones en Youtube y contagio infinito en redes sociales. La canción ya no es sólo “pa tipos como tú”, Piqué, sino para el conjunto de la humanidad que como mínimo se sonríe con la rítmica dedicatoria que hubiese puesto a bailar a los mismísimos Góngora y Quevedo, que tanto desafecto se profesaban. Un ejemplo de comunicación insuperable que conjuga mensaje, ritmo y modernidad. En el fragor de la campaña electoral no convocada en la que estamos sin querer, Sánchez podría decirle a Feijóo “Aquí no vuelvo, no quiero otra decepción; tanto que te las das de campeón y cuando te necesitaba diste tu peor versión”; una loba como yo no está pa’novato”. Pero atención, que el líder del PP podría replicarle con salero “No estoy pa’tipos como tú, uh-uh-uh-uh; a ti te quedé grande y por eso estás con una igualita que tú (¿Clara alusión a sus socios de gobierno?); Vas acelerao, dale despacio; Ah, mucho gimnasio, pero trabaja el cerebro un poquito también”.
La música llega a todas partes, incluso la peor melodía tiene la capacidad de volar y transmitirse de persona a persona obligándonos a tararearla incluso inconscientemente. La cantante de Barranquilla lo sabe y disfruta contando y cantándole a su ex y a todos en un acto de reivindicación del amor propio insuperable. Otros harían bien también en contarnos menos y cantarnos más, sin tener que esperar a que lo haga José Mota en cada especial de fin de año. Si se animan, les dejo la primera estrofa, que no es mía sino de Quevedo, “Yo te untaré mis obras con tocino porque no me las muerdas Gongorilla”. Cámbiese la referencia a Góngora por la que corresponda, por ejemplo Piqué o cualquier líder político que pudiese proceder.
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