Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
El Puerto se ha quedado sin espacio, no es novedad sino un problema difícilmente resoluble, un elefante en la habitación que ahí está, ahí seguirá. En el pasado se plantearon ideas de todos los calibres para resolver el nudo gordiano: ampliar los muelles, apostar por el puerto seco y, la más radical, construir un puerto exterior como A Coruña y Ferrol. Esto último llegó a tener carta de naturaleza en un documento oficial de la Xunta durante el bipartito PSOE-BNG, amante de ideas así, como el Plan Vigo del que nadie supon nada más tras su presentación por Touriño, cuando ya su legislatura agonizaba. El bipartito contempló como una propuesta avanzada trasladar toda la actividad al municipio de Santa María de Oia, entre Baiona y A Guarda, una auténtica locura: exigía construir diques monumentales en mar abierto, autopistas y líneas de tren, y dejar a Vigo sin su terminal en la Ría, que es su principal baza: porque puede operar los 365 días del año, lo que no pasa en otros puertos. Una barbaridad que se consumió con el fin del Gobierno de Touriño.
En cuanto al puerto seco, que era lo que más gustaba al gobierno vigués de la época, con Lois Castrillo a la cabeza, un par de cosas: una, que 20 años después todavía está en desarrollo, ahora con la construcción de la línea ferroviaria con Guixar, un servicio elemental; y dos, que no hay puerto seco sin otro “mojado”, y esto exige muelles y plataformas operativas, capaces de acoger buques cada vez mayores: en Guixar atracó hace dos años el mayor del mundo, un portacontenedores de 400 metros; en Trasatlánticos la mayoría de los cruceros superan los 300, y en Bouzas, los portacoches han pasado de 120 a 230 metros. Y seguirán creciendo por una cuestión de logística: cuanto mayor el tamaño, más mercancía y con un coste menor. Así que Vigo o está en esa carrera o se quedará fuera de todo.
Así que volvemos al principio, qué hacer. Carlos Botana, que antes de convertirse en presidente de la Autoridad Portuaria, pasó muchos años como funcionario experto en asuntos ambientales en la propia institución, sabe que la vía del “relleno” resulta ahora imposible por muchas cuestiones- y no solo por las poco probables afecciones a la Ría- aunque salvó a Vigo: sin la construcción de la plataforma de Bouzas, primero Citroën, luego PSA y ahora el grupo Stellantis ya no estaría aquí y Vigo sería Detroit, una ciudad que se extingue, condenada a desaparecer. Alejandro Magno solucionó el nudo gordiano sin florituras: lo cortó con el tajo de su espada.
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