Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Hasta seis organismos públicos distintos han suscrito un proyecto para cambiar de raíz la fachada marítima de A Coruña: Concello, Xunta, Autoridad Portuaria y tres departamentos estatales, Puertos, ADIF y Ministerio de Transportes. Todos se han puesto de acuerdo para reconvertir muelles y dársenas en un entorno eminentemente urbano. No es sino la culminación de traslado de la actividad marítima a Punta Langosteira, la terminal exterior que ha llevado al Puerto de A Coruña a acumular una deuda de 260 millones de euros que tratará de reducir con esta operación, que tiene mucho de inmobiliaria y residencial.
En Vigo hubo hace años un proyecto similar, Abrir Vigo al Mar, con la colaboración de Concello, Zona Franca, Puerto y Xunta, que permitió entre otras cosas la construcción del túnel de las Avenidas, peatonalizar Montero Ríos y levantar el centro comercial A Laxe, con la pasarela de acceso al Casco Vello, y la sede de la Administración gallega. No estuvo mal, aunque ciertamente la idea original, multipremiada en certámenes internacionales, era incluso más ambiciosa.
Ahora 30 años después, se plantea una reedición en torno a Beiramar, para lo cual hace falta de nuevo un acuerdo entre varias instituciones. Y ahí comienzan los problemas: lo que en Coruña se logró con cierta facilidad, parece misión casi imposible en Vigo. El Puerto ya ha dado su visto bueno y la Xunta acepta aportar un 40 por ciento del túnel entre O Berbés y la calle Coruña, que sería la clave de bóveda sobre la que reordenar todo el espacio, manteniendo la actividad portuaria en Beiramar y el pesquero, pero con zonas de esparcimiento y desarrollo residencial. En manos de los vigueses está poner en marcha una actuación de ese calibre en marcha o limitarnos a mirar con envidia el desarrollo de Coruña, cada vez más potente en todos los ámbitos.
Contenido patrocinado
También te puede interesar