Antonio Casado
Andalucía: el plebiscito
Nada como ser augur del apocalipsis: éxito garantizado aunque no se acierte ni una. No hay constancia de que el más famoso de los profetas, Nostradamus, hubiera atinado en alguno de sus pronósticos, ni siquiera el que le dio fama, un lance del rey francés del que salió herido en un ojo, por lo que falleció, y que se interpretó a posteriori como una revelación. Pese a ello todavía se reeditan sus centurias, con anotaciones del futuro que el presente niega una y otra vez. Lo mismo pasa con los economistas, que rara vez atinan. Cuando lo hacen viven de ello muy bien, como Niño Becerra, quien vio venir la crisis de 2008, pero no dio ni una más. El caso más famoso de profeta errado es el del recientemente fallecido Paul R. Ehrlich, quien a mediados de los sesenta pronosticó en su libro “The Population Bomb” que el fin se acercaba ante el incremento de la población mientras los alimentos serían cada vez más escasos. Fallo total: cada vez hay más habitantes, el doble que en los sesenta, pero, en cambio, y pese a los agoreros, no ha dejado de disminuir la escasez, y en general las hambrunas no alcanzan la magnitud del pasado siglo. Con datos actualizados, la longevidad ha crecido en todo el mundo de forma significativa y el número de personas desnutridas se ha reducido en un 90 por ciento. Sé que a muchos la realidad no les importa y entre ellos se encontraba el bueno de Ehrlich, al que los datos le resbalaban y que vivió muy bien hasta el final anunciando un final inevitable que la realidad negaba, lo mismo que había pronosticado un siglo antes Malthus, a quien Marx puso en su sitio, también con datos concluyentes que la ciencia corroboró.
En Vigo también se formularon profecías en el siglo XX sobre cómo sería en el XXI, donde por ejemplo se daba por seguro que la ciudad llegaría a medio millón de habitantes, lo que no ha pasado ni pasará. Hace unos días, un panel científico afirmó que en apenas 24 años, quizá antes, la Ría se tragará a Vigo por el inevitable incremento del nivel del mar, que hará desaparecer las playas, los paseos marítimos y la mayoría del puerto. Apuesto a que no va a suceder, al menos no a tan corto plazo. Pero como Ehrlich: si la realidad no coincide con tus deseos, peor para la realidad. Y además, siempre se puede decir que no ha llegado el apocalipsis gracias a anunciarlo.
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