Nemesio Rodríguez Lois
¿Pedirá Felipe VI perdón a paraguayos, argentinos y brasileños?
Estábamos equivocados. En corros y tertulias al comentar nuestra crítica situación inventariábamos los problemas con los cinco millones de parados, el déficit de los negocios públicos, las dificultades de colocar nuestra costosísima deuda, los apuros de nuestro sistema financiero o la proliferación de campamentos urbanos, ya bautizados como 15-M, de los que conocíamos y en buena medida compartíamos su indignación, aunque ignorásemos que soluciones pretenden aportar, porque si bien les consideramos amantes de la democracia, vemos que no lo han utilizado al no concurrir a los comicios electorales. Pretender imponer normas sin someterse a un plebiscito popular adquiere claros tintes de tiranía, pese a que el Ministerio de Interior no lo considere así.
Pero nuestro Gobierno, con el talante paternalista que se suele adjudicar a las formaciones de izquierda, nos acaba de sacar de nuestro error al decidir que nuestro principal problema está en la correcta ortodoxia del culto católico, a la que hay que defender evitando la amenaza que se supone la permanencia de la tumba de Franco en la Abadía del Valle de los Caídos. A este argumento de tipo espiritual añaden los de la Recuperación de la Memoria Histórica otro tan materialista como que no deben emplearse allí nuestros impuestos. Me gustaría saber que ahorro se va a producir ahuyentando a quién creía haber dejado todo atado y bien atado, que ahora se ve abocado a que ni siquiera su última morada sea respetada y que si le fuera posible, mirando a su alrededor, seguramente exclamaría Si lo sé no vengo.
Dado que la mayoría de los socialistas no se distingue precisamente por su acendrada religiosidad, resulta curioso al menos, que el Sr. Jáuregui, Ministro de un Gobierno Socialista, se haya preocupado al detectar una anomalía que ha pasado inadvertida para los millares de fieles que durante una larga treintena de años acudieron a los actos de culto celebrados en aquella iglesia y que incluso el Abad titular del templo no considera sea incompatible con la actividad de su ministerio.
Hace ya seis siglos que en la catedral de Santo Domingo de la Calzada se conserva un gallinero en el que un gallo y una gallina vivos y cacareando para conmemorar un milagro del Santo, están presentes en todos los cultos y actos religiosos que se llevan a cabo en aquel famoso faro espiritual del camino de Santiago. Las comparaciones son odiosas, pero no sería arriesgado afirmar que la pareja de aves del corral debe incordiar más que las cenizas de un militar. Así que puestos a retirar inoportunos huéspedes empecemos por las gallináceas que incluso pueden enriquecer un buen arroz. Y que el Santo me perdone.
Bromas aparte, tratar de ignorar la historia es un intento tan vano como absurdo es hurgar en una herida cicatrizada con la envidiable panacea de nuestra transición. Más de la mitad de los actuales españoles han nacido después de la muerte del anterior Jefe del Estado y la mayoría de ellos no conocen ni les importan el personaje, al que ahora la iniciativa gubernamental está dando un plus de notoriedad diametralmente opuesto al objetivo perseguido. Los que desconocían al general tal vez ahora se interesen por él y los que lo añoran que los hay- se sentirán innecesariamente molestos.
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