Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
La caza y captura de Carlos Mazón que ha desembocado en una renuncia que no es otra cosa que la crónica de una muerte anunciada, ha permitido que la primera sesión del juicio que se sigue contra el fiscal general, Álvaro Ortiz, acusado de revelación de secretos, se desarrolle sin agobios y con un cierto nivel de distracción que ha convertido esta primera entrega de un episodio judicial que se anuncia tenso, en un incidente liviano por el momento y poco debatido al menos en este primer día. El lugar donde ha tomado asiento el acusado desde el principio de la sesión y su presencia vistiendo toga y puñetas, suscitan las primeras dudas. pero la crisis de Valencia le ha restado pegada al asunto si bien la singular aportación de un novedoso perfil del ministro Torres y sus conversaciones con Koldo recogidas por los investigadores de la UCO han reavivado este hecho polémico comenzando por mostrar al respetable la cara B del político canario tan comedido y modélico según el presidente Sánchez y tan desatado –“me voy a cagar en todos los santos con la responsable económica”- según la correspondencia informática intervenida. El ministro Torres, por el momento, no ha salido en el informe por una relación irrebatible con mordidas, mascarillas o amantes mantenidas a la sopa boba por el clan Cerdán, pero las conversaciones reflejadas en los correos con el amigo Koldo mantienen un acento escatológico que presagia lo peor –“Por favor puedes intentar que acepte esto si lo consigues se acabó esta mierda me dicen y según yo leo no es tanto por Dios. Si lo consigues me dejo violar por ti. Pos data: lo último no”- a pesar de que la portavoz del Gobierno afirme que esta nueva información y el texto de estas comunicaciones lo único que demuestran es que el ministro está fuera de toda culpa y lo que se percibe es su celo por agilizar los cobros y cumplir los compromisos. Reconozcamos un optimismo desbordante en Pilar Alegría muy en consonancia con su apellido, pero se advierte nuevos aspectos del proceso general que tampoco está para tratarlo entre sonrisas. No hay ni culpa ni responsabilidad para Moncloa pero recordamos que también era así cuando las acusaciones contra Ábalos, Cerdán y los familiares más próximos del presidente eran producto de la máquina del fango a pleno funcionamiento. Hoy, todos ellos están investigados o a expensas de proceso.
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