Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
Decían los filósofos griegos que, con frecuencia, las preguntas más sencillas resuelven las cuestiones más complejas y complicadas. A propósito de la cesión a Cataluña, según dicen, de la gestión del control de fronteras, costas e inmigración se me ocurren tres: Primera. ¿Era necesario y cómo hasta entonces ha funcionado esta competencia del Estado en manos de Guardia Civil y Policía Nacional? ¿No lo hacían bien o era eficiente. Segunda. Dado que los mossos van a convivir en las fronteras las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y que será la Generalitat la que ejercerá la competencia que el Estado le delega, ¿cómo la ejercerá el Gobierno catalán, y acaso pone el Estado a sus órdenes a los agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional adscritos a la frontera que seguirán allí? ¿Cómo se organizan las funciones de unos y otros, la jerarquía del mando y demás aspectos ordinarios ¿Y qué pasa con la Guardia Civil del Mar y el Servicio de Vigilancia Aduanera del Ministerio de Hacienda? Y sobre todo y Tercera: ¿Cuál es el carácter simbólico de esta cuestión?
Mientras que, con su habitual estilo, Pedro Sánchez afirma que España está más unida que nunca, no como en tiempos del PP, y que todas sus cesiones estabilizan Cataluña, con toda serenidad el fugado Puigdemont nos da la interpretación correcta. Al imponerse a Sánchez la cesión de las fronteras Cataluña asume de facto una de las competencias genuinas de un Estado soberano y alumbra el camino hacia la independencia que es el objetivo. Y lo peor no es el modo que imponen esta nueva trágala, cómo y dónde se hace, sino que, ya crecidos, Junts añade nuevas competencias y funciones al cobro ordinario de sus siete votos que Sánchez precisa.
El presidente del Gobierno español responde a aquel paradigma del político que se cree sus propias fabulaciones y que se instala en un discurso concurrente e reinterpretable que tiene dos características: su capacidad de retorcer las palabras o que cuando dijo una cosa quería decir la contraria, y lo interpretamos mal, o que en realidad cambiar de opinión no es mentir ni dejar de aplicarse lo que declaraba sus principios. Por eso ha de tener buena memoria, como recomendaban los pensadores griegos a quienes mienten de modo habitual.
Por algo dice en analista Manfredo Kempff Suárez que determinados políticos del estilo de Pedro Sánchez tienen tal capacidad de fabular con las cosas cotidianas que superan a los escritores de novelas de fantasías y que deberían dedicarle a la literatura y no a la política, porque libres de ataduras morales son capaces de elaborar un discurso permanente según convenga. Lo más repulsivo de todo esto es que todas estas concesiones a Junts son precio, paga o tasa. Distinto sería si, en lugar de ir cediendo lo que desde Bruselas se le dicta, los indultos, la reforma del Código Penal, la amnistía, la cesión de la competencia de Hacienda pública y ahora las fronteras respondieran a una necesidad nacional y se llegara a su conveniencia luego de un análisis riguroso y un debate propiamente, y no simplemente porque el fugado sube sin tasa el precio de sus siete votos hasta el infinito. ¿Cuál es la paga siguiente? El referéndum, y para hacerlo más digerible los de Junts ya sugieren que voten en el mismo sólo los nacidos en Cataluña, tarea a la que se afana el Consell per la república, que ya prepara las acciones complementarias para enriquecer el traspaso de las fronteras.
El fenómeno del que es paradigma pedro Sánchez ha sido estudiado con detenimiento por David Runciman, profesor de Cambridge sobre el problema intemporal de la posibilidad de la verdad en la vida política. A partir de la presentación de algunos de los grandes autores de la cultura política liberal (Hobbes, Mandeville, Jefferson, Bentham, Sidgwick u Orwcll), Runciman trata con profundidad e ingenio de las conductas de los políticos reales. Su conclusión, algo pesimista es que tenemos que aceptar la inevitabilidad de la hipocresía como parte de la vida política ordinaria en una sociedad como la nuestra. Nos engañan porque lo aceptamos. Como con cualquier otro asunto moral, lo importante es encontrar un criterio para distinguirlas formas peligrosas de hipocresía. Nosotros las tenemos bien a la vista. Pero como se ha dicho, la impunidad de determinados actos abona el descaro al repetirlos. Véase si no.
Contenido patrocinado
También te puede interesar