José Teo Andrés
Los vecinos
Este es el Mundial de los porteros y el de las despedidas. Los porteros son todos buenísimos y cuanto más modesta es la selección más importante se torna la figura de su guardameta. Valientes, autoritarios muy altos y muy seguros, los porteros se están convirtiendo en referencia de cada uno de los equipos participantes desde Unai Simón que sigue manteniendo su portería a cero a estas alturas de la competición, hasta los que defienden formaciones de menos cuantía o ya se han ido a casa como le ocurre a Maduka Okoye, el arquero de Nigeria que hizo milagros de cada jugada en su área, o Vozinha el caboverdiano guardameta del entrañable Grupo Desportivo de Chaves en Portugal que hizo contra España un partido memorable, le paró un golpe franco a Messi y consiguió tramitar el visado de su madre para verlo jugar su último partido.
En cuanto a las despedidas, esta cita en la cumbre futbolística ha dicho adiós a los astros más emblemáticos de de una generación, menos Messi. Se ha ido Luca Modric entre lágrimas, se ha marchado Neuer por la puerta falsa, se fue Neymar tras un penalti amargo, y se ha ido Cristiano rumiando devastado su derrota ante España tras el gol de Merino, gritando vivas a San Fermín. El único que se mantiene de esta hornada sublime de rutilantes estrellas es precisamente Leo Messi aunque es justo reconocer que ahí sigue porque a los egipcios les robo el colegiado un partido en el que les anuló un gol por falta previa en el inicio de la jugada en una disputa como hay tantas. Otorgó un penalti a los argentinos dudoso cuando menos. Y se comió otro clarísimo por zancadilla en el área argentina que vio todo el mundo menos el colegiado, un colegiado de prestigio por cierto. François Letexier tiene una larga y honorable hoja de servicios pero es también y además de colegiado serio y autoritario, uno de los jueces que forman parte del exclusivo círculo de poder y decisión del fútbol internacional y eso manda mucho.
Messi es mucho Messi, es el ídolo indiscutido del “soccer” norteamericano y por el momento no se va no sea que todo el tinglado se resienta. Y a Trump, que consiguió que le aplazaran una roja a su delantero, no hay que cabrearlo. Ya se cabrea él solo.
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