¿Por qué?

Publicado: 01 jun 2011 - 02:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:48

Ni me lo propuse ni conozco el motivo que me llevó a formularme una serie de preguntas. ¿Acaso un mimetismo con la aireada inquietud del entrenador del Real Madrid, a la que el Barcelona respondió revalidando la primacía de su juego? No puedo identificar el “por qué”, pero tampoco se eludir el ansia de respuestas.

Recientemente Don Francisco Vázquez, el inefable Sir Paco que gestionó con brillantez el Ayuntamiento de La Coruña y disfrutó de una canonjía como embajador ante la Santa Sede, en una visita a nuestra ciudad nos abrumó con piropos y lisonjas , felicitándose gozosamente por los logros que Vigo había alcanzado. Muchas gracias, ¿pero por qué nos quiere ahora tanto? Hace algunos años, con motivo de un clásico Deportivo-Celta se explayó apostrofándonos y dejó constancia de su fobia obsequiándonos con unos cuernos, cuya imagen se reprodujo con reiteración en diversos periódicos. Aunque celebremos que ahora nos tienda su mano sin escenificar una cornamenta, a mi me gustaría saber por qué.

Acabamos de vivir una campaña electoral en la que, como de costumbre, nos ofrecieron el oro y el moro que desembocaría en una idílica situación. Estupendo, pero ¿por qué no hicieron en los años de mandato lo que ahora nos han prometido? No es fácil creer que -¡Eureka!- acabaran de descubrir el itinerario adecuado. Ya a Quevedo le invadía la desazón al meditar sobre lo que se dice y lo que se piensa.

En el pobladísimo mundo de la corrupción se suele basar la defensa en el despiadado ataque al rival , como si el pecado cometido por uno supusiese una indulgencia plenaria para el pecado del otro. El decir tú eres sordo. Si, pero tu eres ciego, no elimina la tara de cada uno de ellos. ¿Por qué se ve la mota en el ojo ajeno y, sin rubor, se ignora la viga en el propio?

El perjudicial e irracional enfrentamiento que en los últimos años protagonizan Ayuntamiento y Puerto d Vigo merece inscribirse en el guiness de lo esperpéntico. Y la repetida imagen de dos, tres y hasta cuatro grandes cruceros que atracados acarician el centro de la ciudad, dando testimonio de una gestión encomiable, no parece argumento suficiente para que se entierre el hacha e guerra. El ambiente turístico que miles de cruceristas dan a nuestras calles con el aporte económico que se deriva de sus compras y del abarrote de las terrazas de las cafeterías, tampoco hace sonar las trompetas de paz. ¿Por qué?. Claro que las leyes hay que cumplirlas; pero cuando la norma ofende a la lógica y obstaculiza el bien común hay que cambiarla, aceptando que el fin justifica los medios

Mucho “por qué” y ninguna respuesta contundente, como no sea recurrir al absurdo de la condición humana y aceptar que monta tanto, tanto monta. Merecería la pena intentar buscar las respuestas que nos ayudaran a evitar las inaceptables incongruencias. Y no lo hacemos, ¿por qué?

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