Populismo, gasolina y veneno

Publicado: 04 mar 2026 - 01:04
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Opinión. | Atlántico

Divino Claudio es el arquetipo de antidivo, callado, tímido, con un físico normalito. Incluso se le ve incómodo con el protagonismo que le ha caído como el director técnico del mejor Celta en años y entrenador de moda en la Liga. A Divino Claudio se le puede uno imaginar desinflamando cualquier discusión, echando agua al fuego. Pero lo que importa, su método, funciona. Ha conseguido un Celta reconocible en dos versiones, la de la temporada anterior, más dominante, y en la actual, más contragolpeador, a base de juntar a veteranos con jóvenes del filial, a los que les ha dado plena responsabilidad, que han devuelto con creces. El último caso, Miguel Román, convertido ya en una estrella; antes, Fer López, recuperado para la causa tras una poco afortunada estancia británica, aunque es probable que regrese más pronto que tarde. Divino Claudio era la respuesta que esperaba el celtismo, huérfano de un entrenador de luces largas desde la marcha de Berizzo, añorado desde entonces. Antes pasó por Vigo un hombre con mucho currículum y aura de ganador, que no entendió ni al club ni a la afición, pero que sirvió, precisamente, para que aterrizara Divino Claudio como su némesis necesaria. Parece ser que fue Sergio, exportero y ahora vocal del consejo de administración del Celta, quien en una reunión dijo que Divino Claudio estaba más que preparado para hacerse con el puesto después de su exitoso paso por el filial. Acertó.

Lo mejor de Divino Claudio es que en un mundo ultrapopulista como el fútbol es ha convertido en el ejemplo de que el populismo no es la solución, sino más bien confusión, seguida de frustración. En el ámbito político, lo mismo: el populismo funciona como gasolina para alcanzar el poder y como veneno para gobernar, sin respuestas ni soluciones más allá de gritos y espuma. La democracia aburrida es poco emocionante, pero de mucha mayor calidad.

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