La política y la gente corriente

Publicado: 17 oct 2026 - 01:30
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Opinión. | Atlántico

La climatología que transmite esta legislatura que agoniza y que no pasará a la historia por su bondad ni su ejemplaridad es que, lejos de las que han trascurrido en razonable armonía durante los periodos anteriores, todo se ha desbordado y extremado sin causa ni motivo aparente. El tiempo de hoy es un tiempo de ira en el que la clase política que nos gobierna ha decidido pintar un panorama que es en su mayor parte fruto de un artificio egoísta y manipulador que está muy lejos del ámbito que se respira en la existencia cotidiana. La batalla parlamentaria en la que sus representantes han convertido ambas Cámaras, el tratamiento que se infringen mutuamente los dos lados de la balanza, el vergonzoso comportamiento que exhiben sus señorías desde sus escaños y que convierte cada diálogo en una cruz de navajas, y el amargo regusto a enfrentamiento permanente y ausencia de comprensión que se advierte en los políticos se quiere inocular como un virus en la vida de la gente corriente y quiere convertirnos en rehenes de la ideología cuando es absolutamente falso que esto sea así. La ciudadanía de a pie no va por la calle recriminando a su vecino de la escalera por suponer que no piensa como él, y el tratamiento que desde el poder se ha otorgado a los disidentes contribuye de manera permanente a agudizar diferencias. Pero nadie en la vida real tilda a nadie de fascista ni de rojo, son términos abominables que distan además mucho de la realidad en un país que lleva 88 años separado de una lamentable y cruel guerra civil en la que todos los que en ella participaron están ya muertos. La nueva perspectiva de considerar por ejemplo redomados fascistas a todos aquellos que disientan de los argumentos gubernamentales no solo es una dramática patraña -el fascismo es un pensamiento mucho más perverso y monstruoso que cualquier ideología que pueda anidar en un país ejemplarmente democrático y rotundamente institucional como el nuestro- si no que es también un truco de sombrero ideado por el mando para espolear, que nada tiene que ver con el comportamiento del país y de su gente. Por fortuna, y en general, es ella la que pone freno a estas insensateces.

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