Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
El día después de que España anunciara que no participará en el Festival de Eurovisión porque sus responsables no toleran la presencia de Israel en el certamen, los desventurados telespectadores a los que nos interesa el fútbol nos vimos abocados a asistir a una de las ceremonias de sorteo más lamentables y penosas en la historia del Campeonato del Mundo de Fútbol. El de la edición de 2025 que, a principios de verano, se jugará bajo organización compartida por Estados Unidos, Canadá y México.
No soy de los que aplauden la ausencia española en el festival de Eurovisión y me asalta la sospecha de que nos vamos a arrepentir de esta renuncia, pero tampoco tengo muy claro que un certamen como aquel en el que se ha convertido el de Eurovisión merezca esfuerzos más allá de lo razonable para certificar nuestra presencia. Personalmente no estoy en sintonía con el carácter circense y trasgresor en el que este viejo concurso ha derivado, ni me gusta la música enlatada que se sirve en él y que ha sucumbido a unas puestas en escena tan excesivas como delirantes mientras que la música que es su activo más necesario de respetarse, ha pasado a segundo término estrangulada por los trucos de escenario, los excesos en tramoya, la singularidad de la oferta y por supuesto, las decisiones pactadas.
Sin embargo la polémica por la conveniencia o no de asistir al concurso televisivo se diluye ante el espectáculo montado con premeditación y alevosía por Gianni Infantino, el heterogéneo presidente de la FIFA, cuya vocación de artista de variedades es incluso superior a su condición de abogado políglota italo-suizo, experto en legislación deportiva, o a la de hincha confeso del Inter y presidente del más alto peldaño directivo del fútbol internacional desde febrero de 2016 tras haber presidido en años anteriores la UEFA.
El acto de sorteo, coordinado por el ex central inglés Rio Ferdinand, fue un canto a sí mismo y al presidente Tramp que, ante la mirada rendida del presidente de Canadá y la presidenta de México, se convirtió en protagonista de la fiesta en torno al cual discurrió todo el impresentable carnaval, incluyendo en el programa una distinción por la Paz en el mundo y una actuación de unos caducos “Village People” cuya canción “YMCA” es la favorita del señor presidente. Una pasada…
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