Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Vigo ¡al fin! ha aprobado un Plan que debería fijar el rumbo del municipio y su ordenación durante los próximos 25 años salvo que los tribunales digan otra cosa, lo que nunca se puede descartar: sería extraño que no hubiera algún recurso contencioso. Pero eso hoy no toca. De entrada, el Plan 2025, que ha costado casi diez largos años de trámites, es el mejor y por varias razones: la más simple, porque no hay otro, y también porque ha venido a sustituir al de 1993, cuya vigencia era por 20 años y llevaba demasiado tiempo caducado, por tanto, obsoleto para el siglo XXI. Esta ciudad tiene desde ahora, tenemos todos, un Plan actualizado y poco expansivo en su modelo, aunque probablemente más realista. Mucho menos que el anterior, de 2008, que contemplaba una ciudad acelerada en lo demográfico e industrial, y no digamos el Plan de Palacios, que apostaba por comenzar desde cero, demoler todo lo construido y hacer de Vigo una metrópolis atlántica.
El Plan de Urbanismo 2025 plantea un Vigo maduro, que irá creciendo de forma ordenada como una ciudad densa, asumiendo las “islas” que se quedaron por el camino en el desarrollo de esta urbe confeccionada a base de un núcleo central y otros secundarios que poco a poco se fueron encontrando, desde la Metalúrgica a la plaza de España, pasando por clásicos como A Seara. Pongo en el debe que no prevé más suelo empresarial salvo el ya previsto en el Tecnológico de Beade-Valadares y quizá en Balaídos, e incluso elimina definitivamente el área industrial de Beiramar. Así que si llega alguna gran firma tendría que instalarse en el entorno y no en la ciudad. Y en el haber, que plantea algunas buenas ideas en torno a Samil y en general planta propuestas sensatas para “cerrar” la ciudad y culminar una estructura coherente, más urbana desde luego.
El Plan 2008 era muy ambicioso en su planteamiento y por eso muy difícil de cumplir. Y mucho más el primero de todos, el del gran arquitecto Antonio Palacios, de 1933, que imaginaba una gran capital atlántica cabeza de Galicia, lo que pasaba por construcciones monumentales y una inversión imposible. Este nuevo Plan General exige 865 millones, de ellos 578 en gasto público, que no es poco, y 15 años de funcionamiento, hasta una revisión en 2040. Veremos qué pasa hasta entonces.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último