Para PISA, no damos la talla

Publicado: 12 oct 2013 - 02:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:48

PISA son las siglas que en inglés corresponden a “Programa para la evaluación internacional de alumnos” (evaluación de competencias), donde se evalúa la capacidad basada en los conocimientos, experiencias, valores y actitudes de la persona para enfrentarse a situaciones de la vida real, evaluando para ello la competencia lectora, matemática y científica. Por poner un ejemplo, se le pide al examinado que evalúe distintas ofertas de telefonía, desde saber qué está ofertando cada compañía (comprensión lectora), la comparación económica de cada oferta en función de las prestaciones (comprensión matemática) y las prestaciones que cada una ofrece (comprensión científica), para una vez estudiada la propuesta, hacer un informe sobre resolución razonada (capacidad de síntesis). “Sin datos, tu eres simplemente otra persona mas, con una opinión”.

Generalmente se trata de informes relativos a alumnos en edad escolar hasta los 16 años, en donde Shangai ocupa siempre el primer lugar, correspondiendo los cuatro puestos siguientes casi siempre a los mismos, es decir Corea del Sur, Finlandia, Hong Kong y Singapur. La media de la OCDE suele situarse alrededor del puesto 25, la UE dos o tres puestos después y España, en la última evaluación, ocupó los puestos 33 en comprensión lectora, 34 en competencia matemática y 36 en competencia científica, curiosamente siempre por detrás de Portugal.

Sacadas las conclusiones oportunas, PISA consideró interesante, debido a la innegable influencia que el nivel de los padres tiene sobre la progresión de sus hijos, el llevar a cabo un informe similar para adultos comprendidos entre los 16 y los 65 años, lo que planteó a una cuarentena de países de entre los mas desarrollados, y hacerlo sobre la comprensión lectora y la competencia matemática.

El resultado para España ha sido absolutamente catastrófico, siendo los penúltimos en cuanto a la comprensión lectora y los últimos en cuanto a competencia matemática, de tal manera que los peores resultados se dan entre aquellos que se encuentran en la franja de los 35 a los 54 años, siendo mejor entre los 16 a 35 y bastante mejor entre los 55 a 65 años, curiosamente estos con programas educativos “franquistas”, de mejores resultados que los socialistas, cuyo resultado es estar a la cola de todos, pese a haber llenado el país de universidades, a cada cual mas hundida en la clasificación mundial de excelencia.

Si ello es grave en cuanto a la valoración de nuestros jóvenes y peor en cuanto a nuestros mayores, no le va a la zaga la valoración en cuanto a nuestros maestros o profesores, donde el conocimiento de la matemática para la enseñanza primaria, arroja un resultado de 2,6, cuando en Rusia es de 9,9, en Alemania de 7,5 o en Singapur de 7,8, según un estudio internacional sobre la formación en matemáticas de los maestros, que edita el Ministerio de Educación, en el que se contienen observaciones como esta: “si tomamos las estimaciones que sobre el efecto de la calidad de los profesores en los resultados de los estudiantes, y el impacto de estos sobre el crecimiento económico, veremos que incluso una pequeña mejora en la calidad del profesorado, tiene un impacto sustancial sobre el crecimiento económico”.

Por otra parte si los estudios se refieren a la enseñanza del idioma universal, el inglés, nuestros resultados vuelven a ser caóticos, con unos resultados en comprensión oral desalentadores, volviendo a estar a la cola de Europa en esta materia, debido a múltiples factores en los que el desconocimiento de padres sobre el particular es importante, como lo es la falta de contacto habitual con el idioma, su “enseñanza” teórica y por métodos absolutamente anticuados en las escuelas en las que, en general, ni se conversa, ni se escucha, ni se vive minimamente en inglés. Otra cosa son los centros especializados.

Como contrapartida, en Finlandia, el primer país de Europa en formación (los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus hijos y los ponen en manos de sus mejores profesionales), donde el 92% de los alumnos continua formándose tras la enseñanza obligatoria (en España el porcentaje que continúan es cercano al 65%) las cosas son radicalmente distintas. Los sistemas están plenamente consensuados, la enseñanza se considera prioritaria, los niños asisten a las guarderías hasta los 7 años, los deberes prácticamente no existen, pero los maestros y profesores son las profesiones mas exigidas del país y a la vez figuran entre las mejor pagadas, evaluados regularmente a efectos de mantener la máxima calidad en la enseñanza, con alumnos asignados a los mismos profesores durante los primeros cursos, donde tales profesores se responsabilizan del aprendizaje del alumno a quienes conocen y examinan muy de tarde en tarde, implicándoles siempre en su propia formación y de quienes se valora enormemente sus propias iniciativas (“dímelo y lo olvido, explícamelo y lo entiendo, involúcrame y lo aprendo”). En este sentido, los mejores docentes se sitúan en los primeros años de enseñanza, necesitando para ser maestro obtener más de un 9 sobre 10 en sus promedios de formación, superando las pruebas de acceso mas duras del país, siendo un honor nacional ser maestro de primaria.

Todo ello nos lleva a una conclusión evidente. En España fallan los alumnos porque falla el sistema, los métodos, los profesores, los padres y unos gobiernos, que nunca han considerado prioritaria la enseñanza, más pendientes en implantar, antes su ideología y ahora sus intereses, que en formar a nuestros ciudadanos.

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