Nemesio Rodríguez Lois
¿Pedirá Felipe VI perdón a paraguayos, argentinos y brasileños?
Que los funcionarios extremen el celo en el cumplimiento de sus obligaciones es algo indiscutiblemente loable y nos ayuda a aceptar la carga de los impuestos; pero pienso que también es deseable que el afán de cumplir no elimine de modo absoluto la condescendencia y flexibilidad en los casos en que aunque se pise la raya de la norma se vean acompañados por la lógica y la inexistencia de consecuencias negativas de importancia.
Esta complaciente flexibilidad se me antoja más adecuada cuando se da en zonas turísticas porque `puede mejorar la imagen que se da a los visitantes y la posibilidad de que repitan visita. Y en Nigrán, que es un paraíso turístico, acabo de conocer un caso absolutamente contrario a la tesis que defiendo y que lamentablemente es posible suponga el adiós definitivo de una familia que tradicionalmente veranea en estos pagos. Dejo a la consideración del lector la calificación de los hechos.
Una señora, asidua de Playa América, circulaba en bicicleta , acompañada por un hijo de corta edad y sin causar problema alguno por una zona peatonal cuando fue interceptada por una joven policía que también utilizaba la bicicleta como vehículo reglamentario. La infractora atendió el requerimiento y justificó su falta diciendo que iba a recoger un paquete a pocos metro de aquel lugar y que por seguridad del pequeño quiso utilizar aquella zona, pero que no discutía la razón del agente y que de inmediato cumplimentaría su cometido y abandonaría la zona prohibida a las bicicletas. Le permitieron continuar y a los pocos minutos cuando regresaba a su domicilio la misma policía le dio el alto y en tono más que autoritario le acusa de reincidente y le pide que se identifique. El atuendo playero no suele tener departamentos para la documentación por lo que la infractora solo pudo indicar su domicilio donde podría cumplimentar su identificación. La explicación no satisfizo a la agente que manifestando su temor de que la turista se diese a la fuga la retuvo junto a su pequeño hijo hasta la llegada de los refuerzos que solicitó. Andando y escoltados por dos policía madre e hijo, como dos temibles terroristas, fueron conducidos al domicilio para identificarlos y sin que se suavizara la actitud de la policía protagonista. El marido de la desconcertada turista hizo una llamada telefónica que parece haber resultado positiva porque la celosa y joven agente dijo que daba por terminado el proceso, sin descartar la pertinente denuncia
No cabe duda de que este rocambolesco incidente, jocoso si no fuese patético, no puede ser extrapolable al conjunto de la plantilla. Más bien debe tratarse de un caso aislado en el que el afán de estricto cumplimiento se acompañó de un ególatra deseo de una notoriedad que emulase a la del televisivo Perry Mason, olvidando el principio del equilibrio de lo justo con lo razonable. En su alegoría, a la Justicia la presentan ciega, pero con los platillos de su balanza equilibrados y, por ello, Perry Mason, los justos y que la autoridad competente, sin herir susceptibilidades, modere los ímpetus de su joven funcionario, acomodándolos a los parámetros del repetido equilibrio.
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