Pedro Sánchez atrapado entre Otegi y Puigdemont

Publicado: 30 mar 2025 - 10:24

Sobre la cordial camaradería que refleja el abrazo del fugado Puigdemont y el ex etarra Otegi se reflejan inevitablemente las palabras que dedicó a ambos un tercer personaje, cuya continuidad al frente del Gobierno del Estado depende en gran medida de que los dos sujetos citados decidan mantenerle el apoyo. Dijera Sánchez que al primero iba a traerlo ante el juez y que con el segundo nunca jamás pactaría. Entre el adobo complementario añadiría que los independentistas no son nunca de fiar y que, por sus principios, nunca llegaría a la Moncloa con el apoyo de independentistas y que él, como le enseñaron sus padres siempre decía la verdad. Este descarado cinismo orgánico forma parte de su equipaje intelectual, donde el relativismo moral es su elemento preponderante. Y como paradoja, nadie en la historia de España ha justificado sus actos en principios que jamás ha mantenido.

Aunque Otegi es más brutal y Puigdemont más sibilino ambos tienen el mismo objetivo. Pero es agradecer la sinceridad rudeza del ex etarra quien dice que para que Euskadi sea independiente, primero hay que romper España. El fugado en Bruselas es más habilidoso, tanto él como sus ayudantes parecen divertirse humillando al Estado español, ya sea imponiendo al llamado Gobierno de progreso un dictado tras otro, ya sea la amnistía a la carta, la cesión del control de fronteras, etc.etc…Lo más peculiar es que Sánchez obedezca sumiso y ni siquiera se molesta, quizá porque no tiene argumentos, cuando cambia de opinión, según le dictan, y lo que hace cuatro días no era constitucional, como la amnistía, pasa a serlo sin análisis ni explicación de modo automático.

Estos días, las redes sociales se desbordan recuperando viejos vídeos donde Sánchez requería a Rajoy convocar elecciones si no podía aprobar los presupuestos, porque no se puede gobernar sin ese instrumento esencial y no se deben prorrogar. Ese cinismo facial y verbal con que se desdice a sí mismo, lo complementan en ésta y otras ocasiones algunas de sus más fieles damas. Es de recordar, en el caso de que pactar, por ejemplo, con Bildu, que Carmen Calvo dijera que era una línea roja intraspasable y que “los socialistas somos de fiar”. Pero lo mejora la señora Montero, quien dijera que lo que no era constitucional era la amnistía que pretendía Puigdemont, sino otra que aceptaba el Gobierno, o sea, la misma.

Platón asevera que la mentira en el alma es la peor de las aflicciones espirituales que se pueda sufrir, y diferencia esta condición de los efectos de una mentira corriente o de un cuento. Y fue Quintiliano quien dijo que "ll que miente necesita tener buena memoria”. O sea, que aquel que recurre a la mentira como forma de relacionarse con los demás o de manejar situaciones, se enfrentará a la dificultad de tener que recordar las falsedades que ha dicho para mantener la coherencia en sus relatos. En otras palabras, el acto de mentir requiere de un esfuerzo adicional para recordar lo inventado y evitar contradicciones que puedan poner en evidencia la mentira.

La psicología ha estudiado las características del mentiroso y las agrupa en varios apartados. Juzguen y vean: El mentiroso es hábil en el uso de la inteligencia cognitiva para tener previstas las salidas a sus mentiras llegado el caso (verbi gratia “mentir no es cambiar de opinión”) Una mentira conduce a otra en una cadena sin fin. El que adopte la mentira como uso ordinario teje una tela de araña creciente y se cuida de que la mentira tenga algún contenido de realidad que la haga creíble como verdadera prueba de transparencia. El mentiroso debe dar sensación de tranquilidad y estado de ánimo ajeno a lo que antes dijera (“mis principios, mi verdad, mis límites…..”) ... Y sobre está la memoria que cita Quintiliano. El buen mentiroso debe tener una enorme capacidad para darle la vuelta al lenguaje y culpar a los otros de que fueron ellos quienes lo interpretaron mal y lo que dijera ayer es lo que quiere decir ahora, aunque sea lo contrario. Debe ser cauto para no caer en contradicciones y usar el lenguaje con habilidad. ¿Les suena?

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