Un pedazo de nuestra democracia se va con ellos

Publicado: 12 mar 2026 - 03:45
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Me preparo para ir a velar el cadáver de mi compañero Raúl del Pozo, el periodista a quien yo 'fiché' allá por 1974 para un Partido Comunista en el que entonces nos movíamos en una dura clandestinidad. A Santiago Carrillo inicialmente le gustó poco ese fichaje de alguien que ya destacaba como reportero en el diario 'Pueblo', dirigido por Emilio Romero. Luego le hizo director de 'Mundo Obrero' antes de que, tanto Raúl como yo, y tantos, nos distanciásemos de militancias y de maximalismos, que no deberían caber en el periodismo de las democracias.

Ahora, Raúl, toda una vida de encuentros y desencuentros, también se ha ido, y con él, acaso, una parte de aquella democracia que tanto contribuyó a edificar. Como, cada cual a su estilo, contribuyeron Fernando Onega, o Fernando Reinlein, que forman parte de nuestra mejor historia de lucha por las libertades. O como Gregorio Morán, un intransigente de la verdad tal y como él la concebía.

Demasiadas pérdidas en demasiado pocos días. No me extraña el reconocimiento popular, quizá tardío en algún caso, a las figuras desaparecidas: se ganaron a pulso el respeto, el aprecio, quizá la admiración, de los ciudadanos. Lo cierto es que algunos periodistas que no quisieron ser más que eso, periodistas, hicieron mucho por cimentar esta historia de la que vivimos y que algunos hoy quieren repudiar, más por desconocimiento que por otra razón: con el franquismo, queridos 'zetas', se vivía mucho peor.

Ahora, algunos 'periodistas de la Transición', vamos a bautizarnos así por no tener quizá otra etiqueta que reúna tantas disparidades como las que representaron nuestros cuatro recientemente fallecidos compañeros, andamos organizando un homenaje a Reinlein en la Asociación de la Prensa. La súbita marcha de Onega, que no esperábamos, y la de Raúl, que, con todo, también se nos precipitó, ha impedido que igualmente reciben a tiempo los merecidos, merecidísimos, reconocimientos, que Gregorio también merecía pero al que, por su carácter aislado, quizá hayamos olvidado injustamente un poco.

Recordándolos, teniéndolos presentes, homenajeamos a lo mejor de una profesión que algunos y algunas se empeñan ahora en desvirtuar con banderías, sectarismos y protagonismos que carecen de sentido. La contaminación política está venciendo a lo más representativo de lo que se llamó el 'cuarto poder' y al que ahora apenas sé cómo denominarlo. Pero hay esperanza.

Sí, esperanza. Porque también estuve este martes en la entrega de un premio de la sociedad civil a la periodista Ketty Garat. Ella, afortunadamente, está muy viva y sigue dando la lata al poder -para eso estamos, o deberíamos estar: para dar la lata a cualquier poder-, representando una generación joven, un puñado de magníficos periodistas que tratan de investigar la verdad y contarla cueste lo que cueste. Que, a veces, cuesta no poco, verdad Ketty y tantos otros a los que desde los poderes se ha difamado, investigado torticeramente y hasta, quién sabe, silenciado.

Sí, yo homenajeo a nuestros muertos, demasiados en demasiado poco tiempo, que se fueron, como es preciso, con las botas y la tecla puestas. Pero también a estos compañeros que siguen en el filo de la navaja, que es ese sagrado deber de hacer que 'noticia sea todo aquello que alguien no quiere que se publique', según la máxima creo que falsamente atribuida a George Orwell y que corresponde más probablemente a Lord Northcliffe, quién sabe. Es el caso que vivimos una época en la que no siempre es noticia eso que alguien querría mantener oculto, y hay que agradecer a bastantes profesionales de la información que luchen por desvelar tantas cosas como hay que sacar a la luz pública.

Nunca la información, con ese actual habitante en la Casa Blanca y otros de otras casas de tantos colores, estuvo más amenazada. Por eso tenemos que incrementar, quienes tenemos el sagrado deber de limpiar la comunicación, la vigilancia y el viejo ardor guerrero que caracterizó, ya digo que a cada uno con su estilo, a Gregorio, a los dos Fernandos, a Raúl. Y que caracteriza a esos magníficos profesionales que investigan y cuentan eso, lo que algunos, muchos, no quieren que se cuente. Loor a ellos. Puede que un pedazo de la democracia que construimos dependa, como dependió, de ellos. De los que se nos han marchado y de los que están.

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