Patxi López, Quiles, provocación y mesura necesaria

Publicado: 27 mar 2026 - 00:15
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Francisco Javier López Álvarez, o sea, Patxi López, es un personaje singular en la política español y ha sido un hombre afortunado. Fue lendakari vasco, hasta con los votos del PP, que ya es decir, o presidente del Congreso, brevemente, porque la derecha no presentó candidato. Con su experiencia debería tener más dominio. Es inevitable recordarlo llevando sobre sus hombros a alguno de sus compañeros del PSOE, asesinados por ETA, o en otras secuencias en amable convivio con el ex etarra Arnaldo Otegi y otros de sus camaradas de Sortu (Bildu). A Patxi no le benefician las reacciones desorbitadas. Debería ser consciente del rechazo que produce en la sociedad española que los dirigentes de la organización terrorista, condenados a cientos de años de prisión, sin arrepentimiento, ni colaboración (que es preceptiva) para obtener la suavización del régimen carcelario que les fue impuesto, vayan saliendo de prisión de forma continuada. Y sobre todo, que este proceso forme parte del pago del trato de su partido con Bildu, a cambio de su apoyo para mantener a su secretario general al frente del Gobierno. Y eso es así.

En cuanto al otro personaje del asunto que estos días llena planas y espacio, Vito Zoppellari Quiles hay que decir para empezar que no acabó los estudios de periodismo. Por ello, seguramente, no llegó a aprender que existe un código deontológico universal en cuanto a los modos, los límites y el estilo con que debe comportarse un verdadero periodista. En este episodio han coincidido dos personajes que en ningún caso han sabido estar en su sitio. Las ruedas de prensa son situaciones peligrosas, sobre todo si el que las convoca y se expone no tiene en cuenta que le pueden hacer preguntas incómodas, pero esperadas, por lo que debe ir preparado para ello. Y los periodistas deben hacer preguntas claras, concretas, pertinentes, sin discursos previos y bien documentadas. Quiles se recrea en lo que se ha llamado el periodismo de provocación. Este género estuvo de moda en una televisión española con aquellos hombres de negro que acosaban a los políticos en situaciones extremas, pero en un marco general de humor que no todos entendieron. Pero bajo esa apariencia, Quiles no va por ahí.

El rechazo que genera en el mundo profesional del periodismo, al margen de cualquier opinión política, es que este personaje es como un virus social, que ni siquiera beneficia a la extrema derecha a la que se cree próximo. Ha creado su propia aureola por lo que sabe que sus iniciativas no van a ser bien recibidas en algunos ámbitos, pero lo que busca es precisamente el efecto logrado cuando son rechazadas, como el fracaso de aquella pretendida “gira universitaria”, “La España combativa”, para defender, decía, la libertad de pensamiento, prendidas de cuatro datos que forman la base de su estilo.

Cabe recordar que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha señalado que el principal medio con el que colabora, EDA TV, es culpable de infringir el código deontológico y de publicar noticias falsas sin fundamento. En el caso del incidente con Patxi López, en lugar de hace una pregunta concreta, volvió a adornar su pregunta con premisas que pudiera ahorrarse, sabedor de la reacción que iba a provocar. Los periodistas parlamentarios lo consideran un compañero incómodo, lo que no sólo pidieron que se retire la acreditación, sino que el 22 de julio de 2025 el Congreso de los Diputados aprobó con los votos favorables de PSOE, Sumar, ERC, Bildu, Junts y PNV un código de conducta para las personas acreditadas como periodistas en la Cámara. La norma introdujo la posibilidad de imponer sanciones e incluso retirar la acreditación a profesionales que, según el criterio del Consejo Consultivo de Comunicación Parlamentaria, vulneren principios de respeto institucional o utilicen su posición con fines partidistas.

Aunque el PP ha tratado de guardar distancias, conviene recordar que la mesa del congreso ha subrayado que mantiene una actitud provocadora, por el tono de sus preguntas, interrupciones y acoso verbal continuado. Y como cabía de esperar, toda llamada al orden se considera censura por parte de los sectores que apoyan a este personaje y otros del mismo estilo. Pero no cabe duda que se debe preservar el respeto institucional en la Cámara, si bien es cierto que los propios políticos no son precisamente el mejor ejemplo. Pero tampoco López puede reaccionar del modo que lo hace, insultar y desacreditar a quien le hace una pregunta por incómoda que sea. Caben otros modos de reacción medidos, adecuados, prudentes.

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