José Teo Andrés
160 kilómetros al norte y al sur
Tiene algo de patética la imagen de Pedro Sánchez recibiendo en la Moncloa a Oriol Junqueras y desprende un aroma algo surrealista. El mismo que calificara los actos de su visitante como “delito de rebelión” (no de sedición, por el que fuera condenado y que el primero sacó del Código Penal); el mismo que dijera que era contrario a que un político indultara a otro o que la amnistía no cabía en la Constitución, recibe en un acto de Estado al uno de los que, luego de llevarlo a la presidencia del Gobierno, lleva tres años bloqueando la aprobación de los presupuestos, sin los que dice que no se puede gobernar. Al ilustre visitante no le basta con imponer a su anfitrión la quita (que se olvida) en la deuda de Cataluña con el Estado, en arrimarle otros casi 5000 millones de euros o consolidar un régimen fiscal propio. Aprieta más. Y la cuenta no se cierra en este acto. Sánchez otorga a Cataluña un régimen foral propio, al margen de la Constitución (como el que reconoce al País Vasco o Navarra. Además, como dice Junqueras, cada paso, cada logro frente al Estado, es un paso más hacia la independencia.
Luego de ser recibido en la Moncloa, al día siguientes, viernes, el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, se reunían Palau de la Generalitat para escenificar el acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación. Ello supone 4.700 millones extras para Catalunya, lo que se traduce en un incremento del 12% de la capacidad presupuestaria de la Generalitat. Incorpora, en paralelo, que Catalunya será la tercera en aportar, pero también la tercera en recibir recursos. Pero queda una parte magra por cumplir, Dice Junqueras que todavía no se dan las condiciones para negociar unas nuevas cuentas porque no hay un pacto cerrado sobre la recaudación del IRPF por parte de la Agència Tributària de Catalunya y la recaudación del 100% del IRPF. Y cómo era preciso revestir el santo, se ha revertido. Cataluña pasa de ser la novena a la tercera comunidad, en percibir fondos del Estado, pese a los privilegios históricos que tanto al perjudicado a las exportaciones del resto de España, como un sistema arancelario a la medida del interés de su burguesía.
Se dice que el nuevo modelo de financiación autonómica prevé que la participación de las comunidades autónomas en el IRPF pase del 50% al 55% y en el caso del IVA de 50 al 56,5%. El nuevo sistema implica que el Estado aportará 20.975 millones de euros en recursos extra a partir del 2027 frente al modelo actual. ¿Pero de qué bolsillos saldrá el dinero? La ministra Montero ha detallado que en el sistema coexiste la bilateralidad y la multilateralidad. ¿Por qué, si es bueno para todos, no convence al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, y a los de otras comunidades y entusiasma a Junqueras e Illa?
El prestigioso periodista José Antonio Zarzalejos acaba de publicar un breve, pero enjundioso libro, titulado “La huella de Sánchez. El régimen de 2018. Los años de la destrucción”. Apunta Zarzalejos que el rastro de Sánchez lo marcan sus gobiernos siempre apoyados por la extrema izquierda y los partidos secesionistas catalanes y vascos, con proyección futura, como un régimen personalista y arbitrario. Resulta especialmente oportuna la cita de que los golpistas catalanes, primero indultados y luego amnistiados se hayan convertido en elementos determinantes en la gobernación del Estado, del que es imagen la propia llegada a la Moncloa de Junqueras. Subraya Zarzalejos que sostienen a Sánchez fuerzas nacionalistas y radicales que detestan de forma explícita y recurrente el que fuera compromiso histórico del PSOE con la Constitución. Pero hay más, su modo personalista de entender su función y, como él mismo dijo en 2023, “tender muros” y provocar la confrontación entre españoles y el resurgir de antagonismo que la transición conjurara (véanse los efectos de su ley de Memoria Histórica, continuadora de la precedente de Zapatero, que a beneficio del blanqueo de ETA llega hasta 1983). Añádase su combate contra el Poder Judicial y la hostilidad, descalificación hacia los medios de comunicación, especialmente críticos con las miserias dentro de su partido. Añade a su característico cinismo oratorio piezas peculiares. Por lo visto, por ejemplo, no conocía a Abalos más allá de las reuniones del consejo de ministros. Por lo visto, no lo trataba en los órganos ordinarios del partido, de los que era como secretario de organización; nada sabía de la personalidad de quien fuera su pieza clave en su ruta hacia la Moncloa y el control del partido y el resto de lo que es ordinario entre dos personas tan próximas como hombre especial de su confianza. Y se queda tan fresco.
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