Palabras mágicas

Publicado: 10 abr 2025 - 01:20

Los sucesos que determinan el transcurso del mercado de noticias nos abocan a aprender el significado de términos que eran desconocidos para la mayor parte de los ciudadanos y que solo se escuchaban en boca de sujetos eminentes en lo suyo. Recuerdo que cuando empezó a abrirse paso la misteriosa presencia de las nuevas tecnologías, se generalizo el término “arroba” como signo identificativo del correo utilizando la red, aunque los más veteranos siempre creímos que la arroba era una medida de capacidad por la que se determinaba el peso de ciertos productos agrarios. Sonaba entonces la cosa como muy de campo, y si bien los jóvenes no tenían rubor en pronunciarla, los de más edad nos sentíamos un poco cohibidos porque nos parecía que estábamos intentando comerciar con sacos de patatas, centeno o trigo en un ambiente campesino con la era al lado y las caballerías preparadas para iniciar la trilla, Pablo Guerrero no lo hubiera cantado mejor.

Hoy lo de la arroba ha pasado a la historia y ya nadie se sorprende, hasta el punto de que cuando se escribe @ uno ya no piensa en áridos, balanzas de metal o bolsa de sarga llenas de cereales, sino en el más noble intercambio de comunicaciones con internet de por medio suponiendo que lo que se dice sea noble, he recibido yo algún correo que no vean.

Pero hoy, la palabra de moda es “arancel” y muchos de nosotros hemos tenido que acudir al diccionario o a la ayuda de un amiguete economista para saber qué diabólico significado se esconde entre las entretelas de un término tan fecundo. De hecho, diabólico debe ser, teniendo en cuenta que su súbita preeminencia en el lenguaje popular capaz de borrar cualquier otra terminología -en el lenguaje doméstico se estaba imponiendo gracias a los sucesos encadenados, un uso inmoderado de la terminología forense aunque ninguno de nosotros, salvo profesionales del Derecho, supiéramos una palabra de jurisprudencia- y abocándonos a buscar en las enciclopedias lo del arancel para comprender lo que es en realidad y sobre todo, para temernos que su irrupción nos va a ir, como siempre pasa, al bolsillo. Eso no varía desde los Tercios de Flandes. Cuando se impone una medida económica o fiscal al ciudadano le sale todo más caro, fijo.

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