Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Sediame eu na ermida de San Simon e cercaram-me as ondas, que grandes son; ¡eu atendendo o meu amigo". Así, con estos sencillos versos, entraba en la Historia la isla de San Simón, de la mano de Mendiño, los poetas medievales de la Ría y sus cantigas de amigo. Una larga historia cuajada de momentos únicos para un lugar tan pequeño. A menudo amargos.
San Simón fue objeto de pillaje en varias ocasiones, con las invasiones de los piratas ingleses, con Drake a la cabeza, y durante la Batalla de Rande, que se desarrolló en sus inmediaciones. Más tarde, ya en el siglo XIX llegaría su conversión en lazareto, o más correctamente, en un espacio reservado para que los buques que llegaban de América pasaran la obligatoria cuarentena y evitar así lsa enfermedades contagiosas que provocaban pandemias. Gracias a este lazareto el puerto de Vigo se convirtió en lo que es hoy. E incluso la propia ciudad creció con fuerza. Tras su cierre, cuando ya los controles sanitarios habían mejorado, llegaron unos años sin gran actividad en la isla, hasta la Guerra Civil. Otro momento trágico, la conversión en un campo de concentración durante el franquismo donde murieron cientos de personas hacinadas y al menos cinco fusiladas.
No acabaría ahí su historia. Todavía llegaría su nueva transformación en un campamento de veraneo, con una tragedia al hundirse la barca atestada que volvía a Cesantes. Su cierre y la ruina total durante décadas, hasta que San Simón pasó a manos de la Xunta, que restauró los edificios. Desde entonces, se ha convertido en un lugar al que viajar y poder conocer, con recorridos donde se explican los distintos momentos, incluyendo como colofón su pasado más negro como prisión.
San Simón no se puede entender sin todas sus partes, sin reduccionismos, desde Mendiño hasta hoy. Illa da Memoria, desde luego, pero no solo. “E cercáronme as ondas que grandes son…”.
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