(Casi) todo lo que ocurrirá tras Semana Santa

Publicado: 21 mar 2026 - 01:00
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Toda expectativa de vacación supone un cierto frenazo en los planes políticos. O los acelera, claro. Pero yo creo que el fin de las vacaciones de Semana Santa abrirá, ya desde los comienzos de abril, una nueva etapa llena de decisiones que hasta ahora parecían más lejanas. La propia inminencia de la convocatoria de las elecciones andaluzas, verdaderamente claves, acelerará esas nuevas medidas, mucho menos coyunturales y apresuradas que las adoptadas este viernes por el Consejo de Ministros extraordinario. Y, por supuesto, mucho más trascendentes de lo que Pedro Sánchez anunciará en su tardía comparecencia parlamentaria el próximo miércoles.

Porque, ya a la vuelta de la Semana Santa, el presidente tendrá que afrontar, quizá en primer lugar, una seria remodelación ministerial, forzada por la salida de la vicepresidenta segunda y ministra de Hacienda, que puede que ni siquiera llegue a presentar un proyecto de Presupuestos, contra lo que tantas veces ha prometido. La salida de María Jesús Montero para oficializar su candidatura a la Junta de Andalucía en las elecciones que Juan Manuel Moreno podría convocar ya en abril para finales de mayo, facilitará a Sánchez hacer una amplia crisis, cada día más necesaria, en su Gobierno.

Desconozco hasta qué altura se remonta la meditación de Sánchez sobre su propio futuro político, atenazado por su situación de minoría crecientemente inestable en el Parlamento, por los previsibles malos resultados en las elecciones autonómicas que vienen, por el momento económicamente crítico en el que parece estar a punto de entrar el planeta y, cómo no, por el calendario judicial de casos que afectan a la credibilidad y prestigio del Gobierno y del propio entorno de Sánchez.

Pero, a través de algunos testimonios que he podido ir recogiendo en las cercanías de Moncloa -no muchos, la verdad: nadie parece saber muy bien cuáles son las intenciones últimas del presidente-, tengo la sensación de que la decisión de completar la Legislatura, llegando, a trancas y barrancas, hasta comienzos del verano de 2027, ni es tan firme como dice el propio presidente ni gusta unánimemente al entorno sanchista, que ve demasiados peligros en el horizonte como para intentar prolongar hasta más allá de lo razonable la actual situación.

Las decisiones que tome el presidente se verán, en todo caso, situadas en un marco de cambios profundos en la estructura partidaria del país: puede que los previsibles pactos entre el PP y Vox para consolidar los gobiernos autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León se produzcan incluso antes de las elecciones andaluzas, porque el desgaste que los tiras y aflojas negociadores están produciendo en la imagen de `la derecha` es grande. Como lo es a la izquierda del PSOE, donde todo se consume en una especie de juegos florales de escasa entidad y alcance, como esa `charla pública` prevista para el 9 de abril en Barcelona entre Gabriel Rufián e Irene Montero.

El caso es que llegamos a las vacaciones más ansiadas del año viviendo una situación de especial complejidad mundial, europea y, desde luego, nacional. Y es obvio que las actuales estructuras e ideas no van a aguantar ya mucho más tiempo: se acelera, con las disparatadas iniciativas truimpistas, la era de los grandes cambios, muchos de ellos para nada planificados por los Estados ni concebibles para los ciudadanos del mundo. En un contexto tal, resulta impensable que los gobiernos, en concreto el español, se mantengan así, sin cambios y soportando tensiones -con los propios coaligados de Sumar, que supongo que no durarán mucho como ministros en el Ejecutivo-absolutamente nocivas para la gente de la calle.

Creo que debemos prepararnos para cambios de envergadura. Es, al menos yo lo pienso, lo más apropiado que ahora mismo podría hacer, al menos para salvar los muebles, un presidente del Gobierno que parece como enrocado en sus afanes de permanencia en la `alfombra roja`, cada día más alejado de los acuerdos transversales que la nación precisa y lanzado a sus quimeras de convertirse en el líder de la izquierda del mundo mundial. Alguien, como a los aurigas vencedores en el coliseo romano, tendría que decirle `acuérdate de que eres mortal`. Y que se acuerde también de que planificar el futuro es hacer gobernable el presente, renunciando a abrir de golpe todas las carpetas que luego no se saben cerrar.

Contenido patrocinado

stats