Fernando Ramos
La hipocresía estructural de Sánchez y las elecciones
Como ya advirtió este diario hace semanas, la fábrica china de MG, una antigua marca británica adquirida hace años por Pekín, se irá a las Rías Altas, a Ferrol, que dispone de lo que la empresa exigió para implantarse en España, y en concreto en Galicia: condición inexcusable, terrenos amplios en las inmediaciones de un puerto. Vigo ofertó la Plisan, el puerto seco, pero está a 40 kilómetros y MG se plantea una logística más rápida y próxima a los muelles, en lo que será su factoría, que no será una planta de montaje, sino de producción de automóviles. MG necesita instalarse físicamente en Europa para evitar los aranceles del 35 por ciento y poder vender coches a precios competitivos. Un plan magistral.
Es una buena noticia para Galicia y extraordinaria para Ferrol, que con toda probabilidad va a dar un enorme salto adelante, tras décadas de declive en todos los campos: llegó a ser la ciudad que más población perdió en España. Para Ferrol significará recuperar terreno y volver a ser una ciudad importante. Para Vigo también habría significado mucho una empresa de al menos 2.000 empleados para constituir un polo industrial de la automoción de nivel mundial. Pero Vigo no tiene espacio en sus muelles ni un parque empresarial cercano más allá de Balaidos, que ocupa Stellantis y cuya ampliación lleva encima de la mesa desde finales del pasado siglo. Era posible que algún día el cartero llegara para entregar un paquete-regalo y que no hubiera nadie en casa para recogerlo. Fuentes conocedoras de la operación insistieron en que la empresa china demandó de forma preferente miles de metros en las proximidades de la terminal, como tiene Stellantis, para garantizar la rapidez de su logística. Ferrol tiene espacio, Vigo no. No hay más. Y el cartero no pasará dos veces.
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