Fermín Bocos
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La Academia Sueca de las Ciencias ha concedido el último de los premios Nobel, el de Economía, instituido por el banco central sueco. En esta edición ha correspondido a Joel Mokyr (79 años), nacido en los Países Bajos, pero con doble nacionalidad norteamericana e israelí. Profesor de la universidad Northwest de Chicago, el galardón reconoce sus investigaciones, en el campo de la historia de la economía, sobre las causas del crecimiento a lo largo de los últimos siglos, un fenómeno sin precedentes. Especializado en el período 1750-1914, el siglo XVIII de las Luces hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, límite del siglo XIX “largo”, como lo calificó Hobsbwam, el análisis de Mokyr combina los vínculos entre industrialización, crecimiento económico y bienestar. Ha compartido el premio con Philippe Aghion (París, 69 años), profesor del College de France, el INSEAD o la London School y su colaborador Peter Howitt (Toronto, 79 años), profesor en la Universidad de Brown. Como tantos otros Nobel de los últimos años, estos dos últimos recibieron con anticipación, en 2020, el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento. El galardón sueco reconoce sus trabajos sobre el crecimiento sostenido bajo las condiciones de la destrucción creativa, concepto elaborado por el economista austriaco Joseph Schumpeter (1883-1950).
En los tres ha planeado la idea de la innovación y del progreso tecnológico como motores del crecimiento. En Mokyr para sustanciar el fenómeno sostenido de los dos últimos siglos, un período de duración desconocida en la historia, fruto de una voluntad de progreso que valoró el conocimiento técnico, la experimentación y la libre difusión de las ideas. Donde impera la censura, miedo al fracaso o el desprecio por el saber técnico, la prosperidad no encuentra las condiciones propicias. En Aghion y Howitt, la Academia sueca valoró el modelo matemático, publicado en 1992, capaz de evidenciar el proceso constante de expulsión del mercado de productos y empresas obsoletas, sustituidas por aquellas otras portadoras de creatividad e innovación. El fenómeno analizado es inseparable de un entramado micro y macro: de empresas, estructuras de mercado e instituciones abiertas.
Es en este punto, donde el Nobel da continuidad al otorgado en 2024 a los análisis de Acemoglu, Johnson y Robinson sobre las causas de la riqueza de unos países o regiones y la pobreza de otras. El conjunto de evidencias reunidas, indican que “el crecimiento económico no se puede dar por supuesto”. La destrucción creativa no es tanto una amenaza al bienestar, como su precondición. El cineasta Woody Allen, en la necrológica dedicada a Diane Keaton, ha escrito que “el mundo se redefine constantemente”. El Nobel de Mokyr, Aghion y Howitt incide en esta premisa, con la innovación como factor decisivo de la misma.
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