Luis Carlos de la Peña
El interés general
Apenas se hablaba de otra cosa este lunes en los corrillos del palacio real que de las encuestas que inauguraron, con profusión, la semana. Una de las grandes preguntas era, es, cómo es posible que el previsible desgaste del PSOE no beneficie en mayor medida a un Partido Popular que no acaba de subir y solo centra sus expectativas de llegar a La Moncloa en su alianza con Vox, que se dispara en flecha hasta los 66 escaños previsibles, el doble de lo que tiene ahora. Y todo esto ¿cómo se explica? Yo tengo alguna opinión, fundada sobre conversaciones con expertos. Por ejemplo:
El PP no sube todo lo que tendría que subir -y conste que el 60 por ciento de los encuestados ve a Feijóo como inevitable presidente del Gobierno- posiblemente porque el electorado no está suficientemente interesado en la regeneración democrática, como muy bien sabe, me parece, Pedro Sánchez. Así que el discurso de Feijóo, ahora centrado en un futuro más limpio, no cala lo esperado. Porque para atacar a Sánchez y sus políticas ya está Vox, que grita más y es más extremista en sus propuestas a unos ciudadanos que, sugieren los sondeos, están tan crispados que piden ahora más extremos que centro, más radicalidad que moderación.
Como digo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sabe que cruzar las líneas rojas desde el punto de vista legal y hasta constitucional tiene poco coste. Como lo de la corrupción en su partido, o incluso lo de Ceuta, que, sin embargo, los sondeos califican como un desastre en la gobernación del Estado y era otro de los grandes temas en el palacio real en vísperas del viaje de los reyes a la ciudad. Sánchez va por otros derroteros: se cuela por la vía del BOE, pensiones y salario mínimo, cabalga muy bien la crisis de la vivienda de la que él, no obstante, es partícipe, y juega muy bien la baza del orgullo nacional frente al mundo gracias a gentes como Trump o Netanyahu.
Siempre he dicho que el actual presidente es un fuera de serie esparciendo culpas fuera de su ámbito; intentar competir con él en este terreno es tiempo perdido. Todo lo demás es paisaje. Las encuestas están para lo que están y para lo que valen; algunas son puro 'fake news' y otras han de reconocer lo excepcional de la situación, cuando el frente de la izquierda a la izquierda del PSOE no está consolidado -menudo lío tiene ese espacio, al que un 23 por ciento ve con simpatía-. Y, además, el espacio de centro está infrarrepresentado, pese a que un 28 por ciento de los electores se declara centrista, de centro-izquierda o de centro-derecha.
Que no voy a decir yo que el Parlamento que salga del 29-n no sea representativo, qué barbaridad. Ni que las elecciones vayan a estar trucadas por el voto por correo, la ley de nietos y cuantos manejos pueda apadrinar el gobernante de turno. España, nunca mejor dicho que el día de la fiesta nacional, es un país serio, respetable y aún bastante respetado (fuera más que dentro). Lo que sí digo y reitero es que nuestras Cortes necesitan caras nuevas, reglamentos nuevos, debates de otro cariz e ideas nuevas para que no se repita una Legislatura tan 'rara', ejem, como esta que nos preside desde 2023 y ahora se ha acabado.
Y creo que mucha de la gente con la que hablé este lunes en el palacio de Oriente, que representaban a una parte de los españoles, quizá la más minoritaria y comprometida con la situación, piensa lo mismo: hay que regenerar la vida política que hemos degenerado, aunque no sea esta, ni de lejos, la principal preocupación de los encuestados. Entre los que están también los acampados en Sol, los que acudían a la plaza de Oriente a ver pasar a los 'vips' en la recepción real y, si se podía, abuchear a Sánchez, los que asistían al desfile o el vecino de al lado. Treinta y ocho millones setecientas mil personas que pueden, en total, acudir a las urnas dentro de mes y medio y quizá cambiar la faz de la Historia, en un sentido u otro.
O quizá, peor, en ningún sentido, porque las condiciones de una normativa electoral nefasta siguen siendo las mismas, el 'pan, bar y circo' se mantiene y ya digo: eso de más o menos democracia ¿a quién le importa, además de a usted y a mí?
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