Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Ayer la noticia mundial consistía en explicarnos a los europeos que nos habíamos convertido en sustancia prescindible y que los dos grandes oligarcas de este loco titirimundi se habían citado para negociar la paz de un país invadido, bombardeado, humillado y zaherido que no asistía a las conversaciones de su propia paz porque no ha sido invitado. Una paz conveniente para los dos napoleones del nuevo milenio a los que esa misma paz, necesaria para Ucrania, les importa un pimiento porque lo que en verdad está encima de la mesa es la oferta y la demanda, el mercado, el negocio y los bienes de consumo. Zelenski está sorprendido, depresivo y desesperado, y no es para menos porque aquellos que le tendrían que tender la mano, sus compatriotas de una supuesta unidad territorial llamada Europa, no han sabido defenderlo con la solvencia, la autoridad, el acierto y la voluntad que era menester volcar en este escenario. La irrupción de un sujeto con el tupé teñido y andares de cavernario en el concierto mundial no ha puesto a trabajar a una Unión Europea que hace algún tiempo que no significa nada, encastillada en el mal entendido orgullo de sus integrantes, desarticulada por las envidias, la desconfianza y la galvana de sus gobernantes hasta tal punto que a todos les ha pillado la irrupción de Trump en albornoz y con los rulos puestos especialmente a la presidenta Van der Layen que se dio cuenta hace unos días de lo interesante y moderno que era eso de la Inteligencia Artificial y que Europa debería dejar de legislar sobre ella y sumarse a los que la fabrican y negocian. Pero ya era tarde.
El bravo Vladimir Zelenski –todos nos reímos con sorna cuando supimos que era un actor de programas de humor televisivo que se había metido a político como ocurría de vez en cuando en Italia- bramó al percatarse de que los dos gigantes se iban a reunir a puerta cerrada para decir el futuro de su país sin contar con él para nada. Y llamó a la Unión Europea para advertirlos y pedir ayuda. Ni caso…
Ahora, hoy, ni Zelesnki ni la UE están en la cita de negociación ni se les va a tener en cuenta. Y mientras tanto, la señora Alegría con cara de pasmo, sigue contando ovejitas en la sala de prensa de la Moncloa.
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