No es un caso aislado

Publicado: 28 feb 2026 - 01:15
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Opinión. | Atlántico

El comportamiento que se adivina tras las conversaciones grabadas a un comisario en su relación con una de sus subordinadas –una subinspectora a la que incluso terminó haciendo llorar- es uno de episodios más violentos, vergonzosos y execrables entre todos los que he conocido en mi vida. El superior, –un individuo repugnante si nos guiamos por su manera de expresarse- abusando de su posición de fuerza y de su autoridad, insulta y somete a un continuo trato vejatorio a la inferior en un destino compartido por ambos en la embajada española en la India. E incluso y con independencia del tono iracundo y feroz de sus recriminaciones, somete a la subinspectora a una suerte de acoso sexual en la que le incita a que se desnude si él se lo pide porque son compañeros de trabajo y ese compañerismo le permite ese tipo de órdenes. Pero el verdadero problema no es el caso de este energúmeno aplastando sin piedad a una subordinada que balbucea y llora ante la catarata de insultos y vejaciones que pronuncia su superior jerárquico, sino la creciente sospecha de que actitudes como la presente no son casos aislados en la estructura policial interna, sino situaciones más que frecuentes que son al tiempo silenciadas por una cúpula del colectivo en el que impera la ley del más fuerte y contra el que se están manifestando a cuentagotas escenarios que ponen los pelos de punta. El valor y la disposición de la inspectora que se plantó ante el Director Adjunto Operativo –el ya famoso y nunca bien ponderado DAO- y decidió denunciarlo aun a sabiendas de que ponía en peligro su carrera e incluso su seguridad personal –decidió acudir a denunciar su situación a otra instancia porque no se fiaba de sus propios compañeros- demuestra claramente que esta situación no puede considerarse como un hecho aislado porque desde que las acusaciones que señalan al DAO, se ha producido hay otra denuncia similar a la primera y este nuevo caso de acoso y vejaciones que ha salido a la luz estos días. Algo huele mal en el colectivo policial y el artículo escrito recientemente por el máximo responsable de su sindicato Jupol en un diario nacional así lo atestigua. De hecho, el comisario acusado fue destinado fuera del país para ocultar sus conocidas y similares actuaciones en Barcelona.

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